
Los jugadores hicieron un balance de la temporada y elogiaron el progreso de la competencia.
No parecía ser el primer café que compartían. «Siempre temprano vos, ¿no? Je», fueron las primeras palabras que cruzaron, en alusión a un pequeño retraso de uno de los entrevistados. Cortinada la chicana, ellos empezaron a entrevistarse, intentando ponerse al día. Novedades deportivas, familiares, intimidades y hasta algún que otro chisme decoraban una charla imperdible entre los únicos jugadores tucumanos que participan en la Liga Nacional de básquet -y los últimos que integraron un seleccionado argentino-.
Cuando se prendió el grabador, Lucas Victoriano y José Muruaga tampoco se guardaron nada y jugaron un uno contra uno con LA GACETA como testigo.
Luego de la fallida experiencia con Belgrano en 2000, Victoriano se fue a Italia para jugar en Montecatini la liga más importante de ese país, al que volvió años más tarde para lograr el ascenso con Euro Rida Scafatti. En el medio, el retorno a Real Madrid y las experiencias en Lleida y Girona. Todo esto antes de llegar a CAI Zaragoza, su último club europeo, con el que ascendió a la ACB y con el que consiguió el vicecampeonato de la Supercopa en 2009.
El regreso:
Casi 10 años se tomó para la vuelta a la competición nacional y cuenta que la pregunta obligatoria de cada conferencia de prensa desde que llegó a Lanús era una sola: ¿cómo veía a la Liga en su regreso? Sin embargo, Lucas confiesa que debió dibujar sus respuestas a ese interrogante. «Cuando me consultaban eso al principio, creo que les mentía a todos los periodistas. Con tantos problemas, no le había prestado atención a la Liga en general. Lo que pretendía era adaptarme rápido a la institución, al equipo, a la vida en el país y a un montón de cosas más. Creo que tardé un mes y medio en dormir bien», confesó.
Una vez aclimatado; con el torneo en instancias importantes y tras el estudio de los rivales, el base tomó conciencia del estado actual del torneo proyectado por León Najnudel. «La Liga está muy bien. Los entrenadores han adquirido una buena mezcla de la escuela estadounidense para atacar y de la europea para defender. Casi todos los equipos tienen el mismo sistema. Además es muy competitiva, equipos con problemas económicos, como Estudiantes de Bahía Blanca, consiguieron su objetivo. Y otros equipos gastaron como para estar arriba y no lo están, como Libertad«, analizó.
El asentimiento con la cabeza de «Pepe» acompañaba la mayoría de las afirmaciones de Victoriano. Parecen estar en la misma sintonía, aunque la historia del menor de los Muruaga es diferente. Su participación en aquel Belgrano que jugó la elite, más dos experiencias en el TNA con Central Córdoba y Tucumán BB empezaron a foguearlo. Hasta que en 2006 Estudiantes de Olavarría le puso un ojo encima y se hizo de sus servicios.
Desde entonces se afianzó en la Liga y con Quimsa, su actual club, argumenta la evolución del certamen. «Ha crecido muchísimo en la parte táctica y en la física. Hace algunos años los estadounidenses eran los que sacaban la diferencia. Hoy ya no es así. Los que quieren ser superiores y marcar diferencias deben ir a jugar a otro lado», explica.
Queda claro entonces que, para ellos, de octubre a mayo se disputa en nuestro país una Liga extremadamente fuerte. Sin embargo, el ex jugador del seleccionado mayor hizo hincapié sobre el período de inactividad y lo mucho que lo aprovechan los entrenadores locales. «Cuando llega el final de la temporada para nosotros, los técnicos de acá intentan seguir aprendiendo, se preparan, viajan, miran clínicas o van a ver algún partido NBA o en Europa», apuntó.
Además recalcó que es una costumbre que debería ser propia de los jugadores, sobre todo en la parte física. «Por ejemplo, este año no pude hacer pretemporada. Me presenté a jugar a un equipo en noviembre y el resultado fue que al principio mi actuación fue en línea ascendente por toda la ilusión que traía y las ganas, pero cuando fue pasando el torneo y empecé a necesitar ese plus o reserva que uno carga en la pretemporada hice la cuesta abajo», reveló Lucas.
Una mirada crítica sobre la actualidad del básquet local:

A la hora de enfocar las miradas hacia el básquet tucumano, las conclusiones son disímiles y más pesimistas. Muruaga, con la experiencia vivida en Santiago del Estero de un equipo patrocinado por el Gobierno, comparó ambas realidades.
«Lo que falta en Tucumán es continuidad. Cuando jugué en el TNA con equipos de acá nos pagaban, pero no duramos más de un año y así no se puede consolidar un proyecto ni formar jugadores. La política de Estado de allá es clara: ellos apoyan y sustentan al equipo y las dos partes terminan beneficiadas», recalcó.
A Lucas el tema lo toca de cerca. En 2001 debió abandonar el último equipo tucumano que jugó en la máxima categoría del básquet por innumerables incumplimientos en lo que hacía a salarios y al proyecto en sí.
«En ese momento venía de Real Madrid y no pensaba ni siquiera en cobrar, pero no teníamos nada. Me acuerdo de haber prestado plata a compañeros porque no tenían para comer. Eso ya no es una falta de respeto… Eso es ser h… de p…. Si no tenés plata, no traigas gente de afuera con familia para después no pagarle. Nunca cumplieron su palabra. Ahora preguntás qué jugador quiere venir a Tucumán y muy pocos lo hacen. Es una lástima que las cosas sigan como hace 20 años, falta seriedad», enfatizó.
Esa seriedad, según cuenta, sobra en el «granate», donde jugó la temporada pasada y donde afirma que accedió casi sin poner condiciones.
«Habíamos descendido con Zaragoza y quedé libre. Era difícil que algún club de la ACB me contratara con mi edad. La verdad es que no quería quedar parado mucho tiempo y cuando llegó el ofrecimiento desde Buenos Aires por medio de mi representante sólo me aseguré de dos cosas antes de aceptar: si me iban a pagar lo que prometían y si el club era serio. Fue todo muy rápido y raro», detalló.
Por estos días, la vida deportiva de «Pepe» no tiene pausas porque está entrenándose con el seleccionado tucumano para el Argentino de La Pampa.
Victoriano, en tanto, adelantó que volverá por un tiempo a Europa para descansar y, de paso, echar un vistazo a su línea de ropa deportiva «Eight Hearts».
De todas maneras, y aunque el porvenir de ambos jugadores es desconocido y no se sepa que parqués pisarán, ellos deberán descansar tranquilos porque ya dejaron su huella.
«El recambio generacional no influye en el seleccionado»
En agosto, las mejores selecciones probarán fuerzas en Turquía y Muruaga no parece alarmado por las ausencias que sufre el equipo de Sergio Hernández. «Pasan los años, y pese a las ausencias, la Selección mantiene un buen nivel. Es una generación dorada en serio», elogió.
Según Victoriano, la sospecha de que tras esta generación se vivirá un período duro y de transición, cada vez tiene menos asidero. «Siempre dicen que cuando pase esta generación vamos a estar muertos, pero en cada torneo van saliendo jugadores y la Selección sigue estando arriba. Yo no le temo a ese cambio generacional. Obviamente que es difícil reeditar los títulos que se consiguieron, pero de todas maneras hay un grupo muy competitivo, con o sin ’Manu’. No sé si será el candidato número uno pero puede llegar a semifinales», vaticinó.
Según el ex jugador de Mitre, hablar del seleccionado es un viaje constante en el recuerdo a la desafectación que sufrió del U-21, allá por 2005. Sin embargo, la revancha no lo desespera. «Hay jugadores que tuvieron su chance recién a los 30 y yo tengo 25. Igualmente, mi único objetivo es consolidarme como el mejor jugador en mi puesto en el país. No me veo jugando en otra parte. Me habían encasillado como un tirador y pude salir de eso, nunca lo fui. El tirador de la familia es Enrique (Muruaga) y somos diferentes», apuntó.
Experiencia compartida que resultó provechosa en Salta:
El año pasado les tocó integrar el seleccionado tucumano en el Argentino de básquet, en el que se consagraron subcampeones, aunque desde roles diferentes: «Pepe» en la cancha y Lucas como ayudante técnico, una tarea a la que, según él mismo, le supo sacar provecho. «Para mí fue una experiencia fenomenal. Primero porque me veo como entrenador cuando me retire y porque me parece que el grupo necesitaba un empuje, perder el miedo, y soluciones desde el banco. Tanto Hugo Angelicola como Gabriel Albornoz y el resto del cuerpo técnico me dejaron aportar lo mío; y no sólo escuchar y aprender», resaltó.
Según Muruaga, el aporte de Lucas fue fundamental, por su actual condición de jugador. «Hay determinadas cosas que el técnico no te puede dar, y en eso él fue importantísimo. Me acuerdo de que el entrenador me había aconsejado sobre una cortina. Y Lucas después me dijo que antes de hacerla hiciera una finta porque me seguían de atrás. Son cosas que el jugador sabe porque está adentro y puede completar lo que dijo el técnico», explicó.
El futuro inmediato:
Ninguno de los dos tiene en claro qué les deparará el resto de 2010. «Mi futuro es completamente incierto. Tengo una muy buena relación con Lanús, pero por ahora sólo es de palabra. De momento volveré a Europa. Mi representante está tratando de que juegue allá, pero hasta ahora no hay nada. Si vuelvo a la Liga sería para quedarme definitivamente a vivir y no como esta última experiencia» aclaró.
«Pepe» tiene un año más de contrato con Quimsa. Sin embargo, el cambio de entrenador (Marcelo Richotti por Carlos Romano) siembra algunas dudas en el camino hacia la 2010/11. «Hay que ver si él quiere contar conmigo. Yo con el ‘Negro’ me sentí muy cómodo, me dio toda la confianza, pero no sé qué pasará por la cabeza del nuevo técnico. Lo conozco de cuando me dirigió en Estudiantes de Bahía Blanca, pero ahora no sé que pasará», advirtió.
ANALISIS DEL EXPERTO:
Dos de los últimos con jerarquía internacional
Por Eduardo Herrera – Redacción LA GACETA.
Son dos de los últimos exponentes del básquet provincial que alcanzaron proyección internacional. Desde aquellos días en los que Carlos Romano se calzó la celeste y blanca en la Copa Intercontinental de 1977, para vestirla ininterrumpidamente durante 17 años, con dos Mundiales incluidos (1986 y 1990); después fue el turno en la Selección mayor de Gabriel Díaz, allá por 1997.
Casi paralelamente Lucas Victoriano, a fuerza de talento y brillantes producciones en las categorías menores, venía pidiendo pista para entrar en la historia como uno de los integrantes de la fantástica generación dorada de épica actuación en Indianápolis 2002.
José Muruaga participó en el Mundial Juvenil de Tesalónica (2003), y aunque no pudo darse el gusto de llegar a la máxima categoría, fue otro de los hombres nacidos en nuestro suelo con roce en el nivel mundial.
El presente del basquetbol tucumano no permite vislumbrar, al menos en estos tiempos, la aparición de una figura que pueda trascender como aquellos cuatro que tuvieron el honor de jugar en la Selección.
Nota de La Gaceta