El “Tompy” Díaz, ídolo del pueblo tucumano

Gabriel Díaz, el papá de Gaby, está en el archivo de "El Gráfico" con la camiseta que usó toda su vida: la de Tucumán BB.

En el acto del sorteo del Campeonato Mundial Under 21, le pedí un aparte al CPN Horacio Muratore, tucumano, presidente de la Confederación Argentina, de la Sudamericana y miembro del “central board” de la FIBA. “Te saco totalmente de tema -le aclaré-, te hablo como hombre de Tucumán BB, quiero que me recordés al Tompy Díaz …”

Su respuesta fue toda una definición: “Fue mi ídolo, por él estoy aquí…”. Después me dio su testimonio:

“Yo soy dirigente de básquetbol por herencia de mi padre, también llamado Horacio, y por el amor por este deporte que me inculcó el Tompy con la belleza de su juego. Me maravilló desde chico y sentía devoción por verlo jugar.

Es una persona que se hace querer, muy dada, muy amigo de sus amigos. A los cuatro año pasó a vivir en la calle Suipacha de San Miguel de Tucumán, en el 1106, en la misma acera del club, cuyo domicilio está en el 1160. Nosotros vivíamos en la misma cuadra, enfrente, en el 1121, y en el 1165 estaba la casa materna de mi padre. Así que los afectos se entrecruzaban, todo estaba al alcance de la mano. Gabriel Díaz es un ejemplo, un referente del básquetbol tucumano”.

Otro tucumano, Víctor Francisco Lupo, subsecretario de Deporte de la Nación durante el gobierno de Carlos Saúl Menem y autor de una verdadera obra de investigación como “Historia Política del Deporte Argentino (1610-2002)”, me acercó este testimonio:

“Pese a que varios jugadores tucumanos llegaron a integrar la Selección Nacional de básquetbol, como Armando Bollea, Gregorio Moreno, Zoilo Domínguez, Carlos Romano, Gabriel Díaz (hijo) y el subcampeón mundial 2002 Lucas Victoriano, la discusión interminable en el básquetbol de la provincia, sobre quién fue el mejor jugador de la historia de Tucumán, se sigue centrando en Felipe ‘Yuco’ Fernández (Redes Argentinas) o Gabriel ‘Tompy’ Díaz (padre, Tucumán BB). Todavía no nos pusimos de acuerdo…”

También Lupo gentilmente me escribió esta semblanza:

“De chico verlo jugar al Tompy para su club, Tucumán BB, como hincha rival me provocaba dos sensaciones. Una de admiración, por lo muy bueno que hacía dentro de una cancha de básquetbol, y la otra de impotencia, transmitida por nuestros jugadores que no lo podían defender (y eso que en mi equipo, Redes Argentinas, estaba el ‘Yuco’ Fernández).

Tuve la suerte de jugar frente a él, cuando ya se encontraba en los últimos años de su carrera. La única manera de poder ganar era marcando a sus cuatro compañeros para que no le hicieran llegar la pelota.

El Tompy fue un lujo que se dio el básquetbol tucumano. Un habilidoso total. Tenía un excelente tiro de media distancia. Podía ser ayuda base , pero cuando se ubicaba de ala pivote o de centro era imposible frenarlo si recibía la pelota, y no importaba que tuviera menos centímetros que sus marcadores. Además era un jugador ‘guapo’ en el lenguaje deportivo.

Lo que más me quedó grabado de él fue un partido que su equipo jugó de visitante contra Avellaneda Central. Era con clima caliente porque se definía el campeonato. Faltando tres segundos y con el resultado empatado, fue a un rebote en ataque. Retención de pelota con el ‘Colorado’ Squassi, que era más bajo. Salto. El Tompy, en vez de buscar pasarla a un compañero, la cacheteó directamente al aro y convirtió el doble ganador”.

Alcira del Valle Iñigo, su esposa, también recordó espontáneamente la anécdota: “Fue en la cancha de Agua y Energía. Nunca vi algo igual…”

El periodista Eduardo Herrera, de la sección Deportes del diario “La Gaceta”, un clásico local, vio jugar al Tompy en las postrimerías de su carrera: “Aún mantenía varias de sus cualidades. Tenía muy buenos fundamentos, por lo que su manejo de pelota fue admirable. Con capacidad para anotar, tanto con lanzamientos exteriores o cercanos al cesto, además de su habilidad para filtrarse con penetraciones. También se distinguía por su temperamento, le sobraban agallas. Está, sin dudas, entre los mejores jugadores de nuestra provincia de todos los tiempos”.

Gabriel “Tompy” Díaz nació en San Miguel de Tucumán el 13 de febrero de 1939. Siempre jugó en Tucuman BB, el club fundado el 2 de febrero de 1937. Las iniciales responden a la escritura inglesa de un primer momento, separada como se denominaba a nuestro deporte: Basket Ball. Camiseta blanca con una franja horizontal celeste, subrayada con dos tiritas, una arriba y la otra abajo. Lo hizo en Primera División entre 1954 y 1977, retirándose con 38 años. “El Campeonato Anual de la Asociación Tucumana lo ganamos en 1955, 1961, 1963 y 1964…”, memoriza el Tompy.

Es el menor de cinco hermanos, tres varones y dos mujeres. Una de ellas, Norma Díaz, rosarina de nacimiento, integró la Selección Nacional femenina cuando -en la segunda edición de Buenos Aires 1948- Argentina logró el único título de campeón en 29 Campeonatos Sudamericanos.

¿Por qué su apodo, que se hizo tan popular? El mismo lo cuenta: “Mi mamá, Teresa Rufino, era de Ceres, provincia de Santa Fe. Allí había el hijo de un inglés, empleado del ferrocarril, que se llamaba “Thompy”. Cuando después yo nací, mis tías me querían poner el mismo nombre, pero en el Registro Civil no les dejaron por ser un término extranjero. Y entonces me quedó de apodo, sin la hache…”

Este es su autoanálisis: “Era un jugador agresivo, peleaba mucho el rebote en ataque, incluso a gente que tenía más altura que yo. Podríamos decir que mi puesto fue ser un ‘todoterreno’, pero me gustaba empezar de alero. Era diestro, aunque manejaba las dos manos sin ningún problema, por eso la gran habilidad que se me reconocía”.

Tiene diez presencias en el mítico Campeonato Argentino defendiendo a la Selección Provincial de Tucumán, con este detalle y sus posiciones finales:

Bahía Blanca 1957 (quinto), Santa Fe 1958 (undécimo), Neuquén 1959 (noveno), Santa Rosa 1960 (octavo), Posadas 1962 (quinto), Mendoza 1963 (décimo), Salta 1964 (sexto), San Juan 1965 (noveno), Santiago del Estero 1968 (octavo) y Catamarca 1970 (quinto).

Realizó muchas giras por diversas partes del país. Si no era con su club, Tucumán BB, se transformó en el refuerzo obligado de cuanto equipo tucumano saliera de viaje.

Ya retirado, tuvo pasajes por la dirección técnica. Por ejemplo, en su ciudad varias veces en su club de Tucumán BB, en Caja Popular antes de la Liga, en Villa Luján y en el desaparecido Ferrocarril Mitre. Saliendo de la misma, en la provincia de Santa Fe, dirigió un año y medio a Firmat F. C.

También condujo a la Selección Tucumana que participó en el Campeonato Argentino de La Rioja 1974. Se clasificó para la rueda final y ocupó el sexto lugar. Era el tiempo del “Gordo” Héctor Pertot, de “La Checha” Pedro César Figueroa, del “Indio” Julio Vera, de Ricardo Busnelli. Ya habían aparecido César Béjar y Mario Cordero e insinuaba un prometedor “Negro” Carlos Romano…

Con el mismo nombre y apellido, el hijo del Tompy, Gaby, tuvo una trascendente trayectoria en el básquetbol argentino y muy vasta en la Liga Nacional, donde va a empezar su 18ª. temporada, una competencia que comenzó a jugarla precozmente y su debut está entre los más jóvenes de la historia.

El periodista Javier Domínguez buceó enseguida en su computadora y me dio el dato exacto: Gaby Díaz debutó en Bahía Blanca, jugando en Pacífico de esa ciudad, el 17 de junio de 1988, cuando tenía exactamente 15 años y 3 meses. Fue victoria 97-75 sobre Unión Progresista de Villa Angela (Chaco).

Entre 1988 y el 2005 jugó 705 partidos y convirtió 9.100 puntos, con 12,9 de promedio. Pasó por seis clubes: Pacífico de Bahía Blanca (2 temporadas), Sport Club de Cañada de Gómez (5), Andino de La Rioja (6), Estudiantes de Olavarría (2, fue campeón en el 2001 de la Liga Nacional y de la Liga Sudamericana), Libertad de Sunchales (1) y Atenas de Córdoba (1). Ahora lo hará en Central Entrerriano de Gualeguaychú. Está a 10 partidos de superar a Esteban Daniel “Gallo” Pérez y ser el noveno entre los que más jugaron en la historia. Entre los goleadores argentinos marcha decimotercero.

También tiene su paso como jugador de la Selección Nacional de Argentina entre 1997 / 2001. Fue medalla de bronce en el Mundial Juvenil de Edmonton 1991 y campeón panamericano Sub-22 en Rosario 1993, en ambos torneos con los siguientes compañeros: Horacio Fernando Acastello, Cristian Mario Luis Aragona Gabriel Eduardo Cocha, Claudio José Farabello, Alejandro Ariel Montecchia, Jorge Oscar Racca y Rubén Oscar Wolkowyski.

El Tompy, pese a su condición de basquetbolista, nunca se metió en la carrera de Gaby, que siguió sus pasos. Siempre le dio libertad y no fue posesivo. “Jamás quiso intervenir en nada, ni me obligó a que fuera jugador. Sólo tocaba el tema si yo le preguntaba algo…”, cuenta el hijo.

Cuando va de visita a San Miguel de Tucumán, donde nació el 17 de marzo de 1974, su esposa Estefanía se sorprende por la enorme cantidad de saludos que recibe para su papá a cada rato. “Saludos a tu padre”, “Dale un abrazo al Tompy”, “¡¿Cómo anda tu papá?!”…

Es que Gabriel “Tompy” Díaz se metió en el corazón del básquetbol tucumano y la gente lo recuerda con afecto. A veces fue díscolo, rebelde, pero siempre carismático y querido.

Hubo jugadores que no tuvieron una gran trascendencia nacional, como es el caso del Tompy Díaz. “Nunca jugué en la Selección Argentina…”, me aclara. Pero no por ello se puede olvidar su comunicación con la gente desde una cancha de básquetbol, su “feeling” para tutearse con el afecto, su indiscutida condición de ídolo del pueblo deportivo de Tucumán.

NOTA de: Osvaldo Ricardo Orcasitas

FUENTE: http://www.webasketball.com.ar

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