Nota de La Gaceta a Los Velázquez de Asociación Mitre

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SUEÑO CUMPLIDO. Carlos disfruta tener a Lucas como compañero de equipo, que este año debutó en 1ª.

Carlos Hipólito, que tiene 43 años, juega junto a su hijo Lucas, de 15, en Asociación Mitre.

Sus vidas están enlazadas por cuestiones sanguíneas y deportivas. Entre ambos hay una diferencia de 28 años, pero Carlos Hipólito Velázquez (43, nacido el 30-1-1966 en Formosa) pudo cumplir el sueño de jugar en el mismo equipo con su hijo Lucas (3-4-1994), que llegó al mundo en San Francisco (Córdoba).

El básquet tucumano registra dos casos similares en la última década: seis temporadas atrás, Sergio Osores lo hizo en Central Córdoba con dos de su descendientes, Sergio y Sebastián, mientras Pablo (el más afamado de sus hijos) participaba de un Argentino de Cadetes (hoy U17).

Y en 2008, aunque en pocos partidos, Enrique Muruaga y su hijo del mismo nombre compartieron la misma formación, también como los Velázquez, en los «verdes» de la plazoleta.

Profesional desde los 19 años, Carlos fue un trotamundos (Ver «Trayectoria…»). Llegó a nuestra ciudad en 1984 para alistarse en Caja Popular. «Yo vivía en Tartagal y Caja fue a disputar un amistoso allá. Practicaba voley y básquet a la vez; parece que me vieron condiciones porque Carlos Parajón y ‘Chula’ Béjar, que fueron con la delegación, me propusieron venir.

Ese mismo año salimos campeones de la local, después en la C y agarramos esa escalinata rápida hasta llegar a la Liga A. Ese equipo, con Joel Thompson, ‘Checha’ Figueroa, Mario Cordero, Mercado… fue el que mejor jugó al básquet en Tucumán. No seguimos en la Liga por el tema de los dirigentes, de organización», apunta con nostalgia.

¿Cómo se hizo realidad la ilusión de integrar junto con Lucas el mismo equipo? «Tengo un compromiso laboral con Enrique Muruaga. Trabajo en una empresa de él, y me preguntó cómo podría ayudar al club. Le dije que haciendo lo que sé: jugando, siempre dentro de la cancha. En principio estuve con las categorías formativas, pero carecía de tiempo. Hasta que a mediados de año vino Daniel González y me dio esta posibilidad de cumplir mi sueño, que era, por lo menos un partido, jugar junto con mi hijo», reveló «El Indio».

Luego cuenta cómo fue despertándose el gusto de Lucas por el básquet. «De chiquito, a poco de haber aprendido a caminar, tenía una pelota pequeña que intentaba meter en un aro grande, pero no la hacía ni llegar. Nunca le inculqué nada ni lo presioné para que haga básquet. Fue su decisión; ahora voy puliéndole cositas, intentando que mejore cada vez más», señala el ala pivot, que está casado con Graciela (profesora de aerobics) y tiene otra hija, Vanessa (estudiante de Odontología).

Lucas escucha respetuosamente a su padre. Hasta que con cierta timidez empieza a tomar parte de la charla: «¿cómo es mi viejo como entrenador? Bastante exigente. Yo comencé en Tucumán BB, luego me fui con él a Talleres, volví a Tucumán BB (fue campeón del Apertura en U15) y ahora estoy en Mitre. Me gusta mucho el puesto de base, pero también miro bastante el aro y me encanta tirar», expresa el sanfrancisqueño, que ya disputó con las selecciones tucumanas Campeonatos Argentinos de U13 (en Buenos Aires) y U15 (este año, en La Rioja).

El futuro

«Yo le inculco que se mantenga sano. Va a participar de un Campus en Quimsa, con Carlos Romano; en enero en Sionista, con Svetliza. Y ya el año que viene, en junio, en Libertad, al que está ligado Gerardo Corroto», destacó Carlos acerca del futuro de Lucas.

LeBron, un ídolo

«Cuando empecé en Infantiles (U15) lo hice como alero. Con Ramón Iñigo pasé a jugar de base. Mi papá me pide que tome más decisiones, que lea mejor el juego», dice Lucas, que cursa al Noveno año en el Colegio «Domingo Savio». Admira a LeBron James y le gustaría ser contador.

Una trayectoria marcada por los ascensos

Varios ascensos jalonaron la trayectoria de Carlos Velázquez como profesional. Tras dejar Caja Popular (no terminó la temporada liguera con los «millonarios» en 1986), participó de un Campus de reclutamiento realizado por Atenas. «Me fui porque ellos querían quedarse con el pase», comenta.

Después, fichó en Banda Norte (Río Cuarto). De allí partió rumbo al sur, donde subió con Brown y con Deportivo Madryn. «Después, Conarpesa compró la plaza en Liga A», destacó. Posteriormente se sumó a Gimnasia y Esgrima (Comodoro Rivadavia), campeón de la Liga «B» (1989) que subió ala elite.

Regresó a Madryn y la campaña siguiente estuvo en San Jorge, donde jugó con Lauro Mercado, dirigidos al comienzo por Edgardo Vecchio. Pasó a La Unión, de Colón, luego a El Tala, de San Francisco (Córdoba) y posteriormente actuó en Gimnasia y Esgrima La Plata dos años en el TNA antes de volver a nuestra ciudad para incorporarse a Belgrano.

Además de los «patriotas» y de Caja Popular, en nuestra provincia vistió las camisetas de Tucumán BB, Talleres (Tafí Viejo), Banco Provincia y Mitre.

Fuente: La Gaceta

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