ULISES MARTORELL, el dirigente que volvió a jugar

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EN LA CANCHA. “No duermo cuando pierdo un partido”, reconoció Ulises Martorell.

Ya había resuelto colgar las zapatillas, al menos en Primera División, para dedicarse plenamente a la faz dirigencial y, de ese modo, seguir vinculado al club en el que transcurrió la mayor parte de su vida deportiva, Belgrano.

El arranque del equipo en el curso del Anual del básquet capitalino (dos victorias, cuatro reveses) prendió la luz de alarma y Ulises Eduardo Martorell volvió a calzarse la camiseta albiazul.

Quizás la preocupación de sus pares de la directiva lo impulsó a volver a jugar. “En realidad mi vuelta no es una cuestión definitiva. Yo veía lo mismo que los demás: el equipo no arrancaba y Nacho (Golobisky) me decía: ‘nos vamos al descenso, no puedo dormir, ¿qué vamos a hacer, a quién vamos a traer de refuerzo?’. De última, si hay que pelear abajo me meto y veamos qué podemos hacer”, explica su determinación.

“La idea era apuntalarlos a los más nuevos para que se terminen de soltar, ayudar desde adentro de la cancha a partir de la experiencia, saber que un golpe no significa nada, que hay que levantarse y seguir para adelante…

Yo quería dar una mano hasta que se sumen jugadores como Tucho (Daniel Pomares) y El Suri (Jesús Martín) que junto a Mariano (Maldonado) le dan un plus al equipo. Y me sorprendió la evolución de los más chicos, Ignacio (Corbalán) y Edgardo (Flores)”, señala aunque se encarga de remarcar que lo suyo no tiene un tinte definitivo.

Sin embargo, Ulises advierte que este regreso (quizás temporal), le provoca algunos contratiempos, a la vez que deja una reflexión: “me siento bien desde el punto de vista del juego, pero no duermo cuando pierdo un partido. Si gano, soy el tipo más feliz del mundo y la verdad que a esta altura de mi vida, no debiera representar tanto para mí, es una cosa tremenda.

Y si analizamos que con 34 años puedo entrar a una cancha de básquet y más o menos destacarme, no habla tan bien de mí como tan mal del básquet. Lo cierto es que hoy no podría ni jugar. No me daría la cara para entrar; vos fijate que los que sobresalen tienen más de 35-40 años: Ale, Skisbki, Valdez… Eso significa que no hay renovación”.

Casado con una tucumana, Angélica Barrionuevo, y padre de Tomás Constantino, dice que vuelca sus desvelos dirigenciales en trabajar por un club que sea la prolongación de la casa.

“Estoy pensando en el club para mi hijo y los hijos de los más grandes, los de mi camada, donde pasar con él y, si es posible con mi esposa, junto a las otras familias amigas, donde todos se sientan contenidos, no sólo deportivamente, sino en lo social y en lo cultural.

No te olvides cuál es el nombre completo de Belgrano. Hay que tratar de brindarles a los chicos alternativas para que pasen la mayor cantidad de horas en el club y no en la calle, que sientan y disfruten su pertenencia”, ambiciona.

Una actuación consagratoria e inolvidable a poco de debutar

Martorell llegó desde Orán en 1998 y tras un corto tiempo en juveniles, Álvaro Arraya lo hizo debutar en Primera. Una temporada después, el ala pivot formaba parte del plantel que jugaba la Liga B y que resultó campeón. El jugador no olvida una noche que lo marcó para siempre y fue en playoffs de semifinales, con Huracán BB.

Él mismo lo cuenta: “habían cambiado el cuerpo técnico, llegó Alberto Marti y perdimos dos partidos seguidos. En el definitorio me puso de entrada: me salieron todas, mucha gente lo recuerda. De todos los DT se saca algo, pero Alberto fue especial.

Era un tipo que no se fijaba en el nombre del jugador para sacarte o ponerte en el equipo. Tengo un gran afecto por él”, remarca. Dice que ya no ve tiradores como Lauro Mercado y Diego Sánchez, ni la profesionalidad de Raúl Rodríguez o pivots como Jorge Corbalán y Sergio Ale. “Todos ellos eran jugadores de carácter y ganadores”, acota.

Se recibió en la Unsta de licenciado en Comercialización y se muestra agradecido a Belgrano y a muchas personas: “viví 10 años en el club y encontré gente que siempre me apoyó, como Roque San Martín y su familia, Nacho (Golobisky), Roberto (Sagra), El Pollo Squassi. Por eso, toda mi gratitud hacia ellos y al club, al que quiero devolverle algo ahora como dirigente”.

Fuente: LA GACETA

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