Atenas se consagró campeón invicto de la Copa Argentina

El equipo de Rubén Magnano exhibió un gran nivel en el cuadrangular disputado en Bahía Blanca

BAHÍA BLANCA — Finalmente, festejó el mejor. Tres jugados, tres ganados y nada para objetar: Atenas se llevó la Copa Argentina de principio a fin y recuperó su lugar de prestigio en el mapa del básquetbol argentino.

La intensidad defensiva producto de un gran trabajo físico, el regreso de Rubén Magnano al banco de suplentes, la incorporación de figuras y el plantel largo compuesto por experimentados y jóvenes, fueron las armas de las que se valió el equipo más ganador de la historia de la Liga Nacional para conquistar el cuadrangular final en Bahía Blanca.

Los cordobeses fueron de menor a mayor en el mini-torneo de tres días y demostraron que su libreto está mucho más aceitado que el de sus competidores. A excepción de Diego Osella, quien se desgarró el isquiotibial de su pierna izquierda en el partido ante Peñarol, el resto del plantel se encuentra a tope físicamente y lo exhibe sobre el parquet.

Atenas tiene algo sumamente valioso: recambio. Rubén Magnano grita, se queja, pero sabe que cada vez que se da vuelta para mirar el banco hay soluciones y no problemas ¿Cuántos técnicos tienen ese privilegio hoy por hoy en el básquetbol local? Casi ninguno.

La dinámica se gesta con el ejemplo. Los referentes, como Bruno Lábaque y Leo Gutiérrez, contagian el temple a sus compañeros, y lo hacen dentro y fuera de la cancha. No hay otra manera: los grandes equipos se construyen a través de la mística de apoyar en las malas, de aplaudir desde el banco, de asimilar que no hay titulares ni suplentes.

¿Por qué ganó hoy el equipo verde? Por la simple razón de que jugó un básquetbol simple: supo leer al contrario desde el vestuario y se apoyó en una defensa asfixiante que fue rotando caras y apellidos pero nunca cedió en intensidad.

Desde el comienzo, Atenas alternó presión toda la cancha con defensa estacionada en hombre. No se relajó nunca sin la pelota y aprovechó todos los errores que fue dejando Boca para correr en transición. Primero Raymundo Legaria y luego Gustavo Aguirre, fueron víctimas de los atrapes 2-1 contra los laterales, hecho que sirvió para que no puedan ganar fácil el eje de cancha.

De la mano de Juan Martín Locatelli, Andre Laws y Bruno Lábaque, en el comienzo Atenas corrió. Y vaya cómo: en el primer cuarto ya ganaba 18-6, y con la tranquilidad de la ventaja manejó el trámite a gusto y placer.

A medida que pasaron los minutos Magnano rotó el banco ¿Acaso hay otro equipo en Argentina que pueda sacar un base como Lábaque y poner otro como Figueroa? ¿Quitar a un todoterreno como Locatelli y poner a un interno duro como Cristian Romero? ¿Reemplazar al JMV Leo Gutiérrez por el versátil Federico Ferrini? Difícil. Habrá que ver si alguien puede estar a la altura de este potencial con el correr de los partidos.

Lo cierto es que los cordobeses buscaron de entrada al temible Djibril Kanté en la pintura. Y el interno, más allá de lastimar las defensas con sus arremetidas, se cargó de faltas muy rápido y, con Osella lesionado, Magnano tuvo que mantener durante gran parte del juego una alineación pequeña en cancha. La solución entonces fue alternar defensas zonales 2-3 (Lábaque y Laws arriba, rotando los internos) con hombre, con la idea base de que la pelota no llegue fácil a la pintura.

En ataque estacionado, todo salió a la perfección contra las defensas hombre a hombre. Los sistemas más utilizados de Atenas consistían en hacer subir a los internos al poste alto y tras cortina sobre la pelota se creaban opciones de ataque: quien llevaba el balón 1) lo hacía rotar para buscar un compañero desmarcado 2) apostaba al corte hacia el aro del interno que cortinaba 3) pasaba el balón, se dirigía él a liberar a un compañero y volvían a empezar de cero.

Cansado de ver cómo los cordobeses hacían puntos, Oscar ‘Huevo’ Sánchez mandó a su equipo a alternar defensas zonales 2-3 y 3-2, con hombre. En un principio, Atenas no se sintió cómodo y tras perder un par de opciones de ataque, Rubén Magnano pidió minuto y enderezó el barco con un golpe de timón ¿Cómo? Sólo pidió que roten la pelota rápido para encontrar compañeros desmarcados. En la simpleza, las aguas se calmaron.

En cuanto al ritmo, sólo Atenas pudo mantener la fuerza de piernas para ajustar la presión todo el campo hasta el cierre del partido.

“Ganamos por la gran defensa. Todos estamos mentalizados al cien por cien para defender, hay muchos jugadores y rotamos pero no se pierda la intensidad”, dijo Bruno Lábaque tras el triunfo.

Precisamente Lábaque fue quien manejó los hilos del campeón (16 puntos y 5 asistencias), Andre Laws estuvo intermitente pero muy efectivo (14 puntos, con 6-6 en T2 y 2-2 en TL), Cristian Romero aportó desde el banco (12 puntos, 5-8 en TC) y Juan Manuel Locatelli hizo todo para ganar el premio al Jugador Más Valioso (16 puntos, ocho rebotes).

En síntesis, Atenas fue un justo campeón de la Copa Argentina. Recuperó su lugar en la historia y comenzó a escribir un nuevo trayecto, que tiene una meta marcada de antemano: volver a ser campeón de la Liga Nacional.

FUENTE: ESPNdeportes.com
NOTA DE: Bruno Altieri, redactor de ESPNdeportes.com. Consulta su archivo de columnas.

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