Zoilo Domínguez nos hizo mirar hacia arriba

EL JUGADOR EN EL RECUERDO:

Fotografía: Documento histórico: así presentó la revista “El Gráfico” a Zoilo Domínguez. Esta primera toma con difusión nacional la hizo la cámara de Luis Gemelli. Jugaba el Campeonato Argentino por Tucumán en la ciudad de Santa Fe.

El mítico Campeonato Argentino de Básquetbol llegó a su edición número 25 en 1958, cumpliendo las Bodas de Plata con sus realizaciones en la ciudad de Santa Fe. La revista “El Gráfico” dio su opinión sobre el mismo: “El campeonato fue un éxito bajo todo punto de vista. Bien organizado, bien llevado y tuvo, además, una serie de innovaciones importantes”.

En la cancha lo mejor resultó la masiva aparición de figuritas nuevas lideradas por el cordobés Marcelo Farías, el santiagueño Gustavo Chazarreta y el sanjuanino Guillermo Riofrío.

Dentro de esas innovaciones apuntadas sobresalió que por primera vez se logró hacer reunión con los directores técnicos, para conversar sobre las modificaciones de las reglas de juego y para dar una clínica.

Pedro Rafael Pasquinelli, de Buenos Aires, quien dirigiría a la Selección Nacional en el Mundial de Chile 1959, habló sobre “rebotes en ataque y defensa”.

El “Cholo” Pérez, de la Comisión Técnica permanente de la CABB, se refirió a “cortinas con dos o tres hombres contra equipos que marcan individual”. La vedette en la curiosidad del momento fue el “jump-shot”, el lanzamiento que se había popularizado. Fue dictado por Abelardo Dasso, campeón con Capital Federal, y por Justo Fermín Blanco, segundo con Santa Fe.

En la nota balance de la revista “El Gráfico” del 11 de abril de 1958 llamó la atención la fotografía, captada por Luis Gemelli, de un jugador muy alto para la época (elegida como documento, esa misma foto se vuelve a reproducir en esta nota).

El epígrafe aclaraba: “Zoilo Domínguez, un tucumano muy joven de más de 2 metros de altura, nuevito, tiene la suerte de enfrentarse con un camino de posibles éxitos. Tucumán estuvo injustamente fuera de los que pasaron a las finales”. En efecto, postergado por porteños (con quienes perdieron 63-52) y chaqueños (a quienes ganaron 66-65) en la zona preliminar “D”, finalizó en el 11º puesto.

Dentro del mencionado texto, se precisó: “Tucumán presentó al jugador más alto del torneo: Zoilo Domínguez, que pasa los dos metros, tiene poco juego y mucho futuro”.

Según los registros y constancias de que se disponen, no hubo un “dos metros” de trascendencia futura en la historia del Campeonato Argentino hasta que apareció Zoilo Domínguez en Santa Fe 1958. Salvo error u omisión…

Al cabo de la rueda preliminar del mencionado torneo Zoilo Domínguez se ubicó en el decimoquinto lugar entre los goleadores, con 53 puntos en 4 partidos (13,25 de promedio). El que encabezó la tabla fue el catamarqueño Julio Felipe Hausberger (con 104 tantos – Columna Nº 99), quien terminaría siendo el goleador absoluto (171).

Zoilo le convirtió 19 puntos a San Luis, 14 a Formosa, 11 al luego campeón Capital Federal y 9 al tercero Chaco.

En el plantel tucumano tuvo como compañeros a los internacionales Felipe Fernández y Gregorio Moreno y al popular Gabriel “Tompy” Díaz.

A propósito de su verdadero lugar de nacimiento, toda una leyenda, Alejandro Pérez, periodista de ESPN y jefe de Prensa de la Confederación Argentina, tuvo una comunicación telefónica directa con Zoilo, radicado hoy en Albuquerque, estado de New México, Estados Unidos de América, y se aclaró la duda:

Zoilo Víctor Domínguez nació el 1º de enero de 1939 en Santiago del Estero.

Esta es la historia transmitida a Alejandro por el propio Zoilo. Su padre era tucumano y se desempeñaba en la Inspección Nacional de Escuelas. De San Miguel de Tucumán lo trasladaron a Santiago del Estero muy cerca de la fecha del parto, que se produjo en la capital santiagueña. Con 4 años cumplidos, falleció su papá y entonces su madre, que era correntina, decidió retornar a la capital tucumana. “Pero, para mí, mi tierra es Tucumán, mi mundo está allá…”, fue la confesión comprensible de Zoilo.

El doctor Felipe Palazzo es hoy un prestigio oncólogo tucumano, médico al igual que sus cuatro hijos. En sus tiempos de basquetbolista de Redes Argentinas, donde se consagró tricampeón de Tucumán en la década del ’50 con el “Yuco” Fernández, fue rival de Zoilo. Me hizo llegar este valioso testimonio sobre sus comienzos:

“Jugó primero en el club San Martín. Lo hacía solamente por su altura, ya que técnicamente no era nada. Después lo llevó All Boys, que estaba entonces en la Segunda División. Cuando jugábamos contra All Boys, lo mandaba al petiso Bechara para que lo marcara de adelante y yo lo hacía desde atrás, porque Zoilo tenía la mala costumbre de hacer picar la pelota. Ahí el ’Mono’ Bechara se la quitaba y, de contraataque, lo volvíamos loco…

Zoilo fue un jugador muy noble. Nunca se enojaba, a pesar de que le ‘pegábamos’ bastante: ¡es que era varios centímetros más alto que todos los lungos nuestros!”.

El tema de su altura ofreció también varias versiones. Cuando se lo vio en el Campeonato Argentino de Santa Fe 1958 por primera vez, “El Gráfico” sin precisar consignó difusamente que medía “más de 2 metros”.

En el Mundial de 1963 se lo presentó con “2,02 metros, 96 kilos y 24 años”.

Apenas llegó a la universidad lo hicieron con “6 pies y 8 pulgadas”, equivalente a “2 metros, 03 centímetros”. Esta talla fue repetida por el diario porteño “El Mundo”, aunque consignando que pesaba “116 kilos”.

A Alejandro Pérez le dijo “llegué a medir 2,05 metros”. Y le comparó: “Fui el jugador más alto hasta ese momento. Después que yo apareció un muchachito que no me acuerdo cómo se llamaba…” Se refería a Ernesto Gehrmann, quien asombró con sus 2,06 metros en el Campeonato Argentino de Mendoza 1963, donde Zoilo se consagraría campeón con Córdoba. Después “Finito” treparía hasta los 2,11 metros.

Su próximo paso basquetbolístico fue Atenas de Córdoba en una época signada en la “Docta” por la absurda reglamentación de los “dos años” sin poder jugar en Primera División para quienes pedían pase. Por esta causa, Zoilo oficialmente jugó sólo en Reserva, en un plantel donde estuvieron el tucumano Felipe Fernández, Miguel “Tirita” Aquines, “Lolo” Sotomayor, los santiagueños “Inqui” y Hugo Ríos, Oscar “Pelado” Lossani, Miguel “Gallego” Coll, Lucio “Chiquitín” Regina, el entrerriano Hugo Oliva y el actual presidente Eder Baralle.

A raiz de la prohibición, se dio el caso insólito en Córdoba de que, muchas veces, los partidos de Reserva tenían más público que los de Primera…

A la formación creciente de “Las Estrellas Blancas” en General Paz Juniors, Atenas no se quedó atrás e iba perfilando oponer a sus “Estrellas Verdes”, a través de la iniciativa y el empuje del ex jugador Lilo Carrión.

Juan Daniel Cisneros, primero como jugador y después como el periodista de hoy que es, tiene una vasta trayectoria en Córdoba, donde es presentado como “el hombre que más sabe de básquetbol”. Este es su recuerdo del paso de Zoilo Domínguez por allí:

“Era temperamental y muy fuerte. Tenía un físico privilegiado, con gran capacidad de rebote y con gran dinámica para aquellos tiempos. Se fajaba como pocos a la hora de poner la cara por su equipo. Lástima que se fue muy pronto… El año pasado lo vi en Córdoba presenciando un juego de nuestra Liga Nacional”.

El año 1963 resultó el de su gran explosión: fue campeón argentino con Córdoba y llegó a la Selección Nacional.

El mítico Campeonato Argentino de Básquetbol, en la década del ’60, se destacó por el crecimiento competitivo, las calientes rivalidades y las perjudiciales broncas. En la 30ª. edición, realizada en enero de 1963 en Mendoza, hubo “un campeón incuestionable”, tal la definición de la revista “El Gráfico”, que fue Córdoba. En esa época había captado la emigración basquetbolística del país y eso favoreció para que pudiera presentarse con un equipazo que lo dirigió Alberto Andrizzi.

La formación considerada titular estuvo integrada por Cleodomiro Oliva – Marcelo Farías (ambos de General Paz Juniors) – Antonio Tozzi (Barrio Observatorio) – Luis Alfredo Torrás (Rieles Argentinos) – y el santiagueño-tucumano Zoilo Domínguez (Atenas).

Luego alternaron los internacionales Felipe Fernández, tucumano, y el entrerriano Hugo Oliva (los dos de Atenas), más el chaqueño Zvetozar Niktchevich (Los Cóndores).

Al base Lucio “Chiquitín” Regina (también de Atenas) se lo recuerda por la retención de pelota que hizo contra Capital Federal, fundamental para ganar el partido llamado “la final adelantada”.

Muy poco entraron Raúl “La Tota” Bazán, Benito Cabral (Belgrano) y el benjamín de 16 años Armando “Tucho” Brun (de Redes Cordobesas como el primero).

En la rueda preliminar Córdoba venció 81-64 a Corrientes, 68-61 a Catamarca, 86-47 a San Luis y 79-45 a Salta.

En la rueda de clasificación, virtualmente la ronda decisiva dividida en dos zonas para consagrar a los finalistas, en el grupo “A” derrotó 70-67 a Buenos Aires, 82-68 a San Juan y 69-67 a Capital Federal.
Al equipo porteño lo integraban figuras como Norberto Battilana, “Caña” De Simone, “Tito” Ballícora, Jesús Díaz, “Tommy” Sandor y “Puchi” Mariani.

En la final Córdoba superó 78-72 al Chaco.

Ese equipo cordobés de 1963 fue campeón argentino invicto, venciendo en los ocho partidos que jugó. Promedió 76,6 tantos a favor y 61,3 en contra.

El periodista Piri García, enviado especial a Mendoza, lo destacó en “El Gráfico” en el triunfo clave sobre los porteños: “Los problemas para Capital debajo del cesto vinieron por el lado de Zoilo Domínguez. Fuerte, sólido, seguro, aprovechó lo mucho que sabe para sacarse de encima a Ballícora y De Simone con sus medias vueltas o tiros muy cortos”.

También Piri lo elogió por la final ante los chaqueños por haber complementado a los 30 puntos desequilibrantes del Tony Tozzi: “Sereno, reposado, ubicuo y muy seguro, aseguró tantos con gran maestría”.

El goleador de ese Campeonato Argentino fue el sanjuanino Guillermo Riofrío, con 219 puntos. Segundo siguió el cordobés Marcelo Farías, con 176. Zoilo Domínguez terminó undécimo, con 134 tantos (16,7 de promedio).

Su currículum con la Selección Nacional de Argentina registra dos presencias, siempre en 1963. Pero también integró el plantel que se preparaba para dos competencias en las que Argentina finalmente no participó: los Juegos Panamericanos de Chicago 1959 y el cancelado Campeonato Mundial de Manila (Filipinas) 1962, que sería reemplazado por el de Río de Janeiro 1963.

Aquí estuvo:

* 20º Campeonato Sudamericano – Lugar: Lima, Perú.
Plantel de Argentina: Miguel Ballícora, Norberto Battilana, Ricardo Crespi, Alberto De Simone, Zoilo Domínguez, Atilio Fruet, Raúl Iríñiz, Carlos Lutringer, Carlos Mariani, Carlos Ríos, Antonio Tozzi y Alfredo Tulli. DT: José Domingo “Paco” Barrientos.

Campaña. Por puntos, todos contra todos: vs. Chile 65-62, vs. Bolivia 70-59, vs. Paraguay 64-58, vs. Uruguay 65-79, vs. Perú 65-77, vs. Colombia 72-49, vs. Brasil 58-82, vs. Ecuador 93-67.
Partidos: 8. Triunfos: 5. Derrotas: 3. Clasificación: cuarto.

* 4º Campeonato Mundial – Lugar: Brasil (fiinal en Río de Janeiro). Plantel de Argentina: Arturo Cacciamani, Gustavo Chazarreta, Alberto De Simone, Zoilo Domínguez, Atilio Fruet, Víctor Hugo Le Bihan, Carlos Lutringer, Gregorio Moreno, Hugo Oliva, Samuel Oliva, Antonio Tozzi y Alfredo Tulli. DT: Alberto Andrizzi.

Campaña. Rueda preliminar. Grupo “C” en San Pablo: vs. Italia 73-91, vs. Estados Unidos 51-81, vs. México 82-84. Rueda consuelo (del octavo al decimotercer puesto) en Petrópolis: vs. México 88-86, vs. Japón 103-85, vs. Canadá 77-82, vs. Uruguay 97-83, vs. Perú 84-78. Partidos: 8. Triunfos: 4. Derrotas: 4. Clasificación: octavo.

Terminado ese Campeonato Mundial, declaró al diario “La Gaceta”, un clásico de los tucumanos: “Tropezamos con equipos superiores en fuerza física y algunos en técnica, razón fundamental por la cual no pudimos entrar en la rueda final junto con los países más capacitados.
Argentina mejoró sí a medida que transcurrían los partidos, porque había más fuerza de conjunto y una mayor armonía en el juego”.

Casi medio siglo después, en el diálogo con Alejandro Pérez, hizo esta observación:”No hicimos un buen torneo. La preparación no fue buena (solamente diez días en Villa Allende, Córdoba) y en el Mundial, en los momentos claves, no funcionamos como equipo. El grupo clasificatorio fue muy difícil y la ronda consuelo la ganamos porque los rivales eran flojos…”

Durante este Mundial, Zoilo Domínguez y “Caña” De Simone recibieron una propuesta para jugar profesionalmente en Italia. De Simone el 8 de noviembre de 1964 viajó al pallacanestro, al Oransoda Cantú. Sería campeón de Italia en 1968. Durante algún tiempo, De Simone le mandó cartas y fotos desde Italia, mostrándole donde jugaba y vivía.

A Zoilo, en cambio, le costó decidirse, porque ya tenía otra propuesta para ir a una universidad norteamericana: “Opté por Estados Unidos porque quería estudiar algo para el futuro…”

En su edición del 18 de enero de 1964 el diario “El Mundo”, de Buenos Aires, publicó la siguiente información por medio de su encargado del básquetbol, el periodista José Antonio López, “Lopecito”, quien mantenía correspondencia con Zoilo:

“Córdoba, una vez consagrado campeón argentino en Mendoza, enfrentó como local a una Selección Universitaria norteamericana, que estaba de gira por nuestro país. Domínguez le convirtió 38 puntos en gran cotejo, recibiendo al finalizar el encuentro una sugerencia de estudiar y, consecuentemente, jugar en los Estados Unidos.

La oferta le formuló Sidro García, integrante del conjunto visitante y capitán de los ‘Dons’, apodo de la universidad católica de Albuquerque. Ya de regreso, García habló con Ernie Smith, entrenador del equipo, quien confiando en la apreciación de su capitán, gestionó y obtuvo una beca para Domínguez”.

Sidro García también le había tomado la dirección de su domicilio. Zoilo ni se acordaba de ese ofrecimiento. Así después le llegó el pasaje a su casa para que fuera a conocer la universidad. En realidad, no quería ir, pero su familia le insistió para que sí se fuera. No se hizo drama: “Si no me gustaba, me volvía…”

En octubre de 1963 viajó a los Estados Unidos de América becado por el College of Saint Joseph on the Río Grande, luego convertido en la Universidad de Albuquerque, estado de New México. “Allí tuve la oportunidad de hablar castellano con frecuencia por la proximidad con la frontera con México. Pero a mí me interesaba practicar el inglés…”

Era de la División II de la organización deportiva NCAA de las universidades norteamericanas.

Se puso la camiseta número 12 y muy pronto se destacó. El diario “Albuquerque Journal”, cuando apenas habían jugado los primeros ocho partidos, puntualizó en un título: “Domínguez leads ‘Dons’ in scoring and shooting”. (“Domínguez lidera a los ‘Dons’ en total de puntos y efectividad en los tiros”). Habiendo registrado 4 triunfos y 4 derrotas, Zoilo promediaba 16,3 puntos anotados, con el 63 % de efectividad (había metido 50 de 79 lanzamientos), y también había tomado 6,8 rebotes.

El entrenador Ernie Smith dio esta opinión: “Sin dudas, Zoilo Domínguez es el mejor jugador de primer año de la nación entre los de su tamaño. Es inteligente, fuerte y un buen defensor de la pelota. Tiene muy buenas perspectivas para ser profesional”.

A fines del año 1967 se hizo una escapada a la Argentina por un trámite en la embajada norteamericana de Buenos Aires. Se había ido con visa de estudiante y ya necesitaba la de residencia definitiva. Aprovechó y se dio una vuelta por el Luna Park, ya que se estaba jugando el Campeonato Metropolitano. En esa oportunidad le contó al periodista Piri García, de la revista “El Gráfico”:

* “Ya soy profesor de Educación Física (se especializó en básquetbol). Me casé el 1º de abril de 1967 con una chica norteamericana (Angela), de padre español, compañera de la universidad. Me agarraron justo ese día… allá es el Día de los Locos (risas)”. Allí, en Albuquerque, se quedó a vivir y hoy es papá de dos mujeres y una ya está casada.

* “Mi mejor temporada fue la de 1965 / 66, cuando fui elegido ‘All America’…”

* “En el ciclo universitario deportivo de cuatro temporadas jugué cerca de 100 partidos. Fui goleador en tres temporadas con un promedio por partido de 23 puntos y 17 rebotes totales”. Doble figura.

* “Allí el rebote es primordial. Saltan y se van para arriba cinco o seis tipos, armándose un racimo que para qué te cuento. Y te dan. Te dan por todos lados. Se juega fuerte”.

En la charla con Alejandro Pérez, reparó en el tiempo: “Me fui hace 43 años. ¡¡¡ Vine para estudiar un par de años y ya llevo 43!!!” También se explayó sobre sus actividades particulares: “Durante treinta años fui socio de una empresa constructora. Hace cinco / seis años se disolvió y ahora estoy jubilado. Me paso medio año en Albuquerque y medio en Tucumán, escapándole al frío…”

Entre fines de los años ’60 y principios de los ’70 fue contactado por una propuesta para venir a Buenos Ares a jugar a Boca Juniors. “Pero preferí quedarme en los Estados Unidos, porque ya estaba afincado allá…”

El rosarino Víctor Hugo Le Bihan, “Buby”, jugó con Zoilo en la Selección Nacional de Argentina el Mundial de Brasil 1963 y antes habían coincidido como protagonistas en el Campeonato Argentino de Mendoza 1963. Me hizo llegar este testimonio, pleno en intimidad:

“Zoilo desde hace muchos años me llama desde Albuquerque y hablamos por teléfono como media hora. Después lo hace con el santiagueño Alfredo Tulli, o viceversa.

Por naturaleza, era un jugador con una capacidad atlética formidable, pero no se entrenaba, ni se preparaba físicamente como correspondía. En realidad, así éramos casi todos. En esos tiempos Zoilo era un cinco muy importante y mucho más a nivel local. Un gran tipo, de un corazón enorme y muy buen compañero. Era el que todos querían en su equipo. Además, el hecho de irse a Estados Unidos lo mejoró bastante y en su campeonato universitario llegó a ser un jugador muy difícil de defender, fundamentalmente por su gran potencia física”.

Hombre de anécdotas, evocó el angustioso viaje en avión con la delegación de Córdoba a Mendoza para jugar el Campeonato Argentino que ganarían en 1963:

“Un motor se incendió en pleno vuelo y andábamos con uno menos. El piloto, tras reestablecer el equilibrio, padeció varios segundos… tantos como nosotros adentro del avión. Veíamos la tierra al revés. Un motor ‘pechaba’ y el otro no. La maquina entró en tirabuzón y nos veníamos a pique. El pánico se apoderó de todos. Las azafatas se revolcaban por el pasillo, descompuestas y ya despidiéndose… Aquello era realmente dramático. Yo tenía noción de lo que estaba sucediendo, pero de los nervios se me ocurrió un chiste macabro y les dije a todos: “¡Vieron, ustedes que querían morir como Carlos Gardel. Ahora tienen la oportunidad!”

Enrique Lavoratornuovo, el kinesiólogo, estaba sentado junto a mí. Nunca tenía cigarrillos, pero esta vez -lo que nunca- fumaba un atado de los buenos. Le pedí uno y me dijo gritando: ‘¡Llevate el atado también!’ Si se habrá puesto fea la cosa que me lo regalaba…

Por suerte llegó la normalidad y pudimos aterrizar de emergencia en San Juan. Nos querían llevar en otro avión, pero nos negamos: nos fuimos en tren a Mendoza… Los pilotos pasaron a mi lado y uno le dijo al otro: “¡¡¡ De la que nos salvamos, viejo !!! Recién ahí me asusté de verdad…”

Asomó en 1958 tipificando al jugador que se venía en el básquetbol Zoilo nos anticipaba lo que nos esperaba. “Tiene poco juego y mucho futuro”, dijo “El Gráfico”. Se fue en 1963. ¡Qué lástima que nosotros lo disfrutamos tan poco!”.

NOTA de: Osvaldo Ricardo Orcasitas

FUENTE: webasketball.com.ar

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Un comentario

  1. quisiera que me manden todo lo que puedan tener de esa época con respecto a atenas donde jugaba mi papa Oscar Pedro Lossani gracias.

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