El entrenador Jerry Sloan cumplió dos décadas ininterrumpidas al frente de Utah Jazz

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El estilo decidido de Jerry Sloan en el banco de suplentes, es una marca registrada de la NBA

¿Veinte años? A Jerry Sloan le preocupaba no poder durar ni 20 días.

Recibió la batuta del Utah Jazz de manos del popular Frank Layden el 9 de diciembre de 1988 y comenzó su carrera con una derrota ante los Dallas Mavericks. Nueve juegos después, Utah acumulaba una racha de 3-6, y salía de un viaje que terminó con una derrota ante el equipo de expansión, Miami Heat, que había perdido 21 de sus primeros 22 partidos. El próximo paso para Sloan era un partido en casa ante los bicampones Los Angeles Lakers el día de Navidad.

“Y pensé que ese iba a ser el final”, dice Sloan.

El Jazz ganó ese partido y, obviamente, Sloan retuvo su empleo. Dos décadas después, es difícil imaginar que el puesto de Sloan, el entrenador con más tiempo en su cargo en el mundo del deporte profesional, corra riesgo. Estamos tan acostumbrados a Sloan como una fija que siempre sale, con la seguridad en el puesto de la Suprema Corte de Justicia, que no podemos imaginarlo haciendo otra cosa. Es el hombre que sigue utilizando la misma vieja ofensiva, el mismo que desafía a los otros equipos a detenerlo a pesar de que saben lo que está viniendo. Es el hombre que se casó con su novia de la preparatoria y permaneció con ella durante 41 años, hasta que un cáncer se la llevó al cielo.

sloan1No podemos asociar a Sloan con el adolescente nostálgico que se salió de dos universidades en su primer año. Es difícil imaginarlo sintiendo miedo por ser inadecuado o no cumpliendo con una promesa. El hecho es que aquel Sloan formó a este Sloan. De alguna manera, incluso salvó su vida.

Los primeros días de Sloan como universitario fueron justamente eso, días, no años. Pasó un poco más de cinco semanas en la Universidad de Illinois. Luego se tomó un tren a Southern Illinois en Carbondale y pasó la noche con un amigo. La siguiente noche se escapó y ni siquiera se molestó en anotarse.

“Era otra persona en ese entonces”, dice Sloan. “Nunca había salido del condado. Mi padre falleció cuando tenía cuatro años, había 10 niños, y todo eso”. ¿La muerte de un padre a una joven edad? ¿Ser el menor de 10 hermanos? Tony y el Dr. Melfi necesitarían tres temporadas para resolver esos dilemas en “The Sopranos”, sin embargo, Sloan cierra el capítulo con un simple “y todo eso”. Eso es todo. Queda claro que no habrá más preguntas al respecto, indagando en problemas de juventud no resueltos. Todo lo que obtendremos es el simple reconocimiento de que sucedió.

“Probablemente extrañaba mi hogar”, dice Sloan. “Mirando hacia atrás, esa fue probablemente la razón principal”.

Entonces dejó la escuela, volvió a casa y empezó a trabajar en los campos de petroleo. Luego se mudó a Evansville, Ind. que está 90 millas más cerca de su hogar en McLeansboro, Ill., que la Universidad de Illinois en Champaign- y realizó refrigeradores para Whirlpool, mientras empezaba a conocer al entrenador de Evansville, Arad McCutchan.

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Sloan tenía lo necesario para triunfar como jugador

“Era un hombre muy cariñoso”, dice Sloan. “En el momento, lo necesitaba”.

Y todo entrenador de básquetbol necesita al menos un jugador como Sloan. Alguien que no encuentre ninguna tarea demasiado tenebrosa ni desafiante, alguien dispuesto a vestir un traje si eso es lo que se necesita para ganar. Sloan era un base de 1,98 metros que manejaba bastante bien el balón. Pero era además el jugador más alto del equipo de Evansville, por lo que muchas veces se encontraba defendiendo a los centros y aleros de otros equipos. A Sloan no le importaba. Si debía marcar hombres grandes, eso significaba que tenía que tomar más rebotes y, en su mente, “en los rebotes es donde obtienes la chance de competir por la posesión del balón”.

Y en esa descripción pueden encontrar la esencia de Jerry Sloan, la determinación que lo llevó a jugar 11 años en la NBA y a ganar más de 1100 partidos como entrenador. Debía ser duro para sobrevivir en algún lado, pero esa rudeza es algo tan inseparable de su personalidad como su relación con el Jazz.

“Cuando miras el panorama completo, no es más que un juego”, dice Sloan. “A veces lo tomamos demasiado en serio. Probablemente me causó algunos problemas, pero así soy yo. Es mi trabajo. Y eso es lo que eres, de alguna manera”.

Cuando escuchas a otra gente describir a Sloan, no toma demasiado tiempo que surja un tema.

Phil Jackson, contemporáneo de Sloan desde la universidad, lo llamó un “trabajador… un hombre que tomaba faltas y recibía golpes y siempre fue un defensor duro, durísimo”.

Bob Love, compañero de Sloan en los Chicago Bulls dijo, “Ese muchacho era tan duro como las uñas. Tan malvado como una serpiente”.

El longevo presentador Marv Albert dijo, “Fue uno de los muchachos más duros que vi en mi vida”.

Es casi como si Sloan no hubiera tenido chance de elegir. No hay descripción que encaje con su cara mejor que la palabra duro. Su nariz sale en un ángulo de 70 grados, como si fuera uno de los personajes de las historietas de Dick Tracy. Y, Sloan explicaría, que no había forma que pudiera ganarse la vida marcando a juadores como Jerry West y Oscar Robertson sin ser una especie de hombre de riesgo, dispuesto a caer al piso o pelearse con el primer hombre que lo mirara de forma graciosa.

“Tenía que hacer lo que sea para jugar”, dice Sloan. “No podía competir con ellos atléticamente hablando”.

sloan2Sloan se enfrentaba con cualquiera. Love recuerda un juego en el que Willis Reed se la pasó advirtiéndole a Sloan para que se saliera de su camino, pero Sloan de todas formas se le paró enfrente para tomar la falta, cayó al piso y se levantó gritándole a Reed, “te dije que no te tenía miedo”.

Durante una pelea en un partido de pretemporada en un de esos viejos gimnasios auditorios en Decatur, Ill., a Sloan lo empujaron por la puerta y lo sacaron hasta el lobby. Entonces abrió la puerta y peleó para poder regresar a la cancha.

En su mente, competir es todo lo que existe. Por eso el peor crimen en la corte del Juez Sloan es no competir. No hay un entrenador en ningún deporte que despedace a su equipo de la forma que Sloan lo hace cuando siente que su equipo no ha competido.

Vean, a diferencia de John Wooden o Vince Lombardi, Sloan no ofrece citas inspiradoras que lucen bien en un poster. Sus líneas más memorables surgen después de las derrotas. Me metí en un sitio web en el que aparecen algunas citas de Jerry Sloan y repetidamente habla mal a su equipo.

“Son buenos e hicieron muchas cosas buenas, pero nuestros muchachos no respondieron. Este es el partido más decepcionante en el que he participado”. “Pareció que estábamos completamente aterrados”.

“No tuvimos muchas respuestas para con ellos. Pareció como si no perteneciéramos”.

Y había una que tenía una promesa que merecería la inclusión en un poster. “El tamaño no hace diferencia; el corazon es lo que hace la diferencia”, comenzó Sloan. Pero resultó que esa frase fue simplemente el prólogo antes de bastardear su propio equipo nuevamente. “Aquellos muchachos quieren llegar a los playoffs más que nosotros”.

El método Sloan signifca que cualquier cosa que no sea esfuerzo completo es inaceptable. Significa que no hay excusa satisfactoria. ¿Cuántos entrenadores podrían haber ganado tantos partidos en Salt Lake City, una ciudad que no es exactamente el paraiso para los agentes libres? ¿Y cuántos jugadores talentosos no son siquiera considerados por el Jazz porque el equipo sabe que sus actitudes no encajarán con el estilo de Sloan?.

Si, es cierto que Sloan heredó a John Stockton y Karl Malone, quienes son ahora el mejor asistidor y el segundo mejor anotador de la historia de la NBA, respectivamente. Pero también debió enfrentar a Shaquille O’Neal con Greg Ostertag como centro y medir a Bryon Russell contra Michael Jordan.

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Tener a Stockton y Malone fue algo mágico, pero Sloan pudo continuar los triunfos cuando se retiraron

¿Y acaso el equipo tocó fondo en su primera temporada (2003-04) sin Stockton y Malone? No, el Jazz igualmente ganó 42 partidos.

Por eso, el gerente general del Jazz, Kevin O’Connor, dice: “Debería haber sido nombrado el entrenador del siglo”.

Lo cual nos lleva a la más extraña anomalía de Sloan. No sólo es el entrenador que más tiempo se ha mantenido en su cargo, sino además es el menor condecorado. Nunca ha ganado el premio al Entrenador del Año en la NBA. “Esa es la mayor injusticia en el mundo del deporte”, dice Love. Todavía no ha sido invitado al Salón de la Fama, un honor que no espera retiros en el caso de los entrenadores en gran parte porque no le permitió al Jazz nominarlo hasta este año. (Si es seleccionado, Sloan podrían entrar al Salón junto a Stockton).

“Incluso en nuestro estadio, no tiene una bandera por él”, dijo Hot Rod Hundley, el longevo presentado del Jazz.

Uno mira a los hombres que han ganado el premio al entrenador del año antes que Sloan, y es suficiente para desear que los votantes envíen cartas de disculpas. ¿Don Chaney, Del Harris, Larry Bird, Mike Dunleavy, Doc Rivers, Sam Mitchell? ¿Realmente? ¿No hay lugar para Jerry Sloan en esa lista?

Nunca se ha escuchado a Sloan quejarse o hacer campaña al respecto. Ese podría ser parte del problema.

“Es el tipo de persona que nunca dirá una palabra sobre sí mismo”, dice Hundley. “No está en el Salón de la Fama porque no se promociona a sí mismo”.

Pero Sloan no está metido en esto por los elogios.

“Nunca sentía que había algo más que hacer que poner mi mejor esfuerzo y ver que pasaba”, dice Sloan. “Es muy divertido ver progresar a tus muchachos, verlos mejorar. Quizás hasta terminan siendo mejores de lo que pensaban que eran”.

Sloan no pensaba en dirigr hasta alrededor de su segundo año en Evansville, cuando McCutchan le sugirió a Sloan que regresara y tomara su puesto en una década. La carrera de Sloan en la NBA duró un poco más que una década, pero luego de 12 años, en 1976, se retiró de la liga y obtuvo su chance de entrenar al equipo de Evansville. Tomó el empleo, pero cinco días después, por razones que todavía no quiere dar a conocer, se fue. Eso pudo haber salvado su vida. El 13 de diciembre de 1977, un avión que llevaba al equipo de básquetbol de Evansville se estrelló y los 29 tripulantes murieron.

El debut de Sloan como entrenador en jefe ocurrió dos años después con los Bulls… y no le fue demasiado bien. Un récord de 94-121 lo llevó a ser despedido a mitad de su tercer año. Incluso entonces, ya estaba demostrando un estilo que un joven jugador de los Bulls llamado Reggie Theus iría a incorporar en su propio estilo como entrenador años después.

“Te confrontaba”, dice Theus. “Fuera cual fuera el argumento, no dejaba de hablarte cara a cara. Pero una vez que terminaba, él se iba para su lado, yo para el otro y todo estaba resuelto”.

El Jazz contrató a Sloan como ojeador en 1983 y lo convirtió en entrenador asistente un año después, y cuando Layden estuvo listo para dejar su puesto en 1988, le dijo al entonces presidente del Jazz, Dave Checketts, “Este hombre es el adecuado”.

“Era un feroz competidor y tenía pasión por el juego”, dice Layden.

No hay necesidad de usar el verbo en pasado. El actual base armador del Jazz, Deron Williams, utiliza exactamente las mismas palabras para describir a Sloan.

“Hay una razón por la que todavía se mantiene en la liga, hay una razón por la que sigue estando en lo más alto”, dice Williams. “Tiene pasión por el juego”.

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Sloan mantiene el respeto por los jugadores de la actualidad, al menos sobre aquellos que lo entienden

De alguna manera se ha adaptado a los jugadores de hoy… al menos a aquellos que pueden adaptarse a él. Su paciencia es una virtud subestimada, según dice el gerente general O’Connor. Lo mismo sucede con su lealtad.

“Es leal con sus amigos”, dice Love. “Y nunca te dará la espalda”.

Sloan además comprende muy bien los detalles del deporte. En el cuarto período de un juego reciente en Sacramento, con los Kings arriba por un punto, lo llamó a Williams y le dijo, “Dile a Memo [Okur] que de un paso atrás… está arrastrando la marca todo el tiempo” en las cortinas.

Williams le pasó la información a Okur, y en la siguiente jugada, Okur estableció una cortina para Williams, luego se retrasó detrás de la linea de 3. Eso abrió el camino para el pase de Williams quien le entregó el balón a Paul Millsap para la canasta. La siguiente posesión, otra cortina y desmarque, y esta vez, Williams penetró hasta el aro y anotó. Una posesión más, una nueva cortina de Okur, y esta vez, Williams anotó un tiro en salto. El Jazz pasó al frente y nunca más miró atrás camino a la victoria Nº 1101 de Sloan.

Obviamente, cualquier estrategia es más efectiva cuando la gente te escucha. “Parte de nuestro éxito tiene que ver con que los jugadores saben que Jerry está a cargo de quién juega y quién no”, dice O’Connor. “No se trata de contratos ni nada de eso”.

Incluso hasta el hombre más duro luce más rudo con un guardaespaldas. En el primer año de Sloan con los Baltimore Bullets, fue Gus Johnson, quien le dijo en un partido de exhibición, “Ubicate detrás de mí novato, nadie va a molestarte”. En Utah, esa persona siempre ha sido el dueño Larry Miller y una filosofía que relaciona al éxito con la estabilidad. Franquicias como los Dallas Cowboys y Los Angeles Dodgers vivieron sus mejores momentos cuando cambiaban de entrenador una vez por generación. Sloan posee, como dice Theus, tanto el martillo como el clavo.

Nunca ha habido la chance de que un equipo se le ponga en contra. Nunca se ha visto que un equipo abandone a Sloan. Incluso desde que ganó ese partido en Navidad hace 20 años, ha quedado bastante claro que su partida ocurrirá bajo sus propios términos.

Ese día casi ocurre en 2004, cuando su esposa, Bobbye, falleció luego de batallar con el cáncer.

“De repente, tu trabajo ya no luce tan importante”, dice Sloan. “Honrarla y seguir con mi vida. Hice básicamente lo que ella hubiera querido que hiciera”. Siguió entrenando, algo que ella le demandó cuando su biopsia mostró que el cáncer era maligno. Estos no eran aquellos viejos días. Renunciar ya no era una opción. Jerry Sloan llegó aquí por un empleo que ha tenido durante más tiempo que los años de vida del novato de Miami, Michael Beasley, superando 222 cambios de entrenador alrededor de la liga- porque se convirtió en un luchador.

Por eso sigue en las laterales, a los 67 años, discutiendo la posibilidad de seguir una temporada más. Se ha vuelto a casar, incluso a pesar que eso significó hacerse cargo del hijo de 12 años de su nueva esposa.

“Es un niño hermoso”, dice Sloan. “Y muy competitivo”.

¿Queda alguna duda de por qué a Sloan le agrada?

Fuente: ESPN.com

J.A Adande se incorporó a ESPN.com como columnista de NBA en agosto de 2007, tras 10 años trabajando en el Los Ángeles Times. Consulta su archivo de columnas.

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