
«Es posible estudiar y jugar», asegura el jugador de «CC» y predica con el ejemplo. NOTA DE LA GACETA:
El viernes 3 de agosto de 2007, los nervios propios de un estudiante y un jugador de básquet profesional en sus respectivas situaciones límites, le cobraron a Patricio Chalfún, un canon que nunca estudió. Ese día, el actual jugador de Central Córdoba rendía por la tarde la última materia que lo separaba del título de Contador Público Nacional.
En la noche, tuvo en sus manos (con un tiro libre) la posibilidad de adelantar a Talleres (por entonces jugaba allí) en la serie final del Torneo Provincial de Clubes en los últimos segundos. ¿El resultado? Desaprobó el examen y erró el simple. La anécdota lo hace más que especial. No por errar como buen humano que es, sino por haber sido protagonista de dos situaciones que muy pocos deportistas y universitarios experimentan: meter un doble profesional.
«Hasta el tercer año de la secundaria yo quería ser odontólogo como mi papá. Allí tuvimos una materia que se llamaba Contaduría. Me gustó y empezó a cambiar mi rumbo», cuenta el taficeño. Ese rumbo que casi que empezó con el básquet. «Empecé a jugar a los seis años», comenta el que días después levantaría la serie mencionada arriba y por ende, la copa. Un mes mas tarde, se recibiría sin problemas. En esos dos recuerdos, el jugador devela los orígenes de sus dos pasiones Por eso, nunca abandonó ninguna, y de costa a costa en su vida las trató con respeto.
«¿Quién dice que no se puede jugar al básquet y estudiar una carrera? Para mi, el deporte era un cable tierra. Yo sabía que me hacía sentir bien. Por eso, a mis días en la universidad los organizaba en torno a la «naranja», o sea, sabiendo que a las 21 tenía que ir a entrenar. Entonces me sacrificaba levantándome temprano a estudiar, después iba a la facultad y así. Aprovechando cada minuto para quedar libre a la noche», detalla el alero.
Como aquel Torneo Provincial, más logros llegaron a su carrera, pero también de los otros. «Luego de recibirme, un Banco de Tafí Viejo pidió una lista de egresados y me seleccionó. Rendí un examen y entré», dice orgulloso quién luego pondría un estudio contable junto a su mujer que atienden por las tardes, siempre antes del básquet. «Lo que más me gusta es ir a comer con mis amigos después», aclara el jugador que se recupera una lesión y está listo para volver a jugar.
Como vemos, su mujer, aparece mucho en su relato. Más que su novia, fue su compañera en los últimos 15 años. «La conozco de la secundaria e hicimos la carrera juntos», explica. «El hecho de que estudiábamos juntos y ahora trabajamos (están en el mismo banco) ayudó. Igual no me podía despegar… ¡tenía el mejor promedio de la facultad!», exclama.
Contador y basquetbolista. Aunque esas no serán sus únicas cosechas. Chalfún siempre tiene en mente, trasladar lo que fue su experiencia a los más chicos. «Trato de hablar con ellos en el club para que nunca dejen de estudiar. Pueden hacer las dos cosas tranquilamente para que el día de mañana sepan entender un texto, expresarse y que su agente o empleador no los haga firmar cualquier cosa», explica a partir de su experiencia.
Batman y Robin:
El básquet y el ambiente bancario, según cuenta Chalfún, ofrecen personajes como para hacer un par de historietas. Muchos de ellos se destacan por su originalidad aunque dos en particular, les robaron la identidad a una dupla que hace de las suyas en Ciudad Gótica.
«Tengo dos clientes que van muchísimo al banco. Yo les digo Batman y Robin. Siempre están juntos. Uno es un gordito colorado y el otro bien morochito. Son increíbles», relata el alero mientras devela que su pequeña tardanza a la cita con LA GACETA fue obra y gracia del dúo dinámico.
«Cuando el año pasado se enteraron de que jugaba al básquet, fueron al segundo partido de la final que estábamos disputando con Talleres contra Tucumán BB. Estábamos ganando, cuando escucho un par de voces que me gritaban: ‘¿a dónde vamos a festejar? ¿a dónde vamos a festejar?’. Los reconocí al toque», detalla. «Por supuesto que perdimos ese juego aunque después salimos campeones. ¡Igual no van más esos dos!», aclara.
Pero no son los únicos que saben de su otra profesión. Su jefe, con buena onda, detecta su cansancio si es que tuvo acción la noche anterior: «Vos jugaste anoche. Estás machacado», le dice. Su paso por Juventud Unida de Tafí también es recordado por su relación con sus clientes. «Me tocó tener que darle préstamos a varios rivales que tenía que enfrentar. A técnicos, dirigentes y muchos más. Una vez, en pleno partido, uno me dijo: ‘acordate que mañana paso a buscar la tarjeta ¿no?'», recuerda con gracia. El riesgo de tener una doble pasión.
Nota de Nicolás Iriarte
Redacción LA GACETA niriarte@lagaceta.com.ar
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