«Juego de chicos, juego de grande», nota de la revista EL GRAFICO

Argentina está imponiendo un monopolio en el básquetbol de Sudamérica revirtiendo alguna tendencia parcial: ganó 12 de las últimas 14 competencias disputadas. Un repaso por la historia:

Nota publicada en la edición diciembre 2011 de la Revista El Gráfico:

FESTEJO en el Campeonato Mundial U-19 de Letonia. Deliran Delía (12), Gallizzi (4), Copello (8) y Podestá (14). Argentina sorprendió llegando por cuarta vez a semifinales. Es muy rica la historia de nuestros pibes.

En agosto de 1955 todavía no se había popularizado el estribillo “¡Vamos, vamos los pibes!”, pero la dirigencia del básquetbol sudamericano puso en práctica una idea muy feliz: la de organizar un campeonato de Juveniles, inédito hasta entonces en el continente. Fue en Cúcuta y se lo hizo disputar simultáneamente (lo que ocurrió por única vez) con el de Mayores, que alcanzaba su 16ª edición.

En ese Sudamericano Juvenil inaugural, Argentina fue el campeón con un plantel también dirigido por el profesor Jorge Hugo Canavesi y donde descollaban quienes ya estaban siendo figuras: los porteños Ricardo Alix y Norberto Giorgio, y el santafesino Ricardo Crespi. “Ellos tres eran estables en las formaciones iniciales. De acuerdo con las exigencias del rival, se completaban con el porteño Juan Carlos Gago, el mendocino Aldo Escalante (gran rebotero) o el rosarino Miguel Angel Chacón. Los demás alternábamos sin ningún problema”, evocó el santafesino Julio Ponce Aragón, uno de los integrantes. El plantel de 10 jugadores se completó con Jorge Curi (Capital Federal), Juan Luis Sabatini (Santa Fe) y Mario Brusadin (Mendoza).

Finalizaron invictos en sus 8 partidos, estableciendo clara superioridad como lo demuestran sus promedios de tantos: 72,8 a favor y 53,2 en contra. Alix, luego jugador genial de recuerdo inolvidable, fue el goleador argentino en el torneo con 15,6 tantos de promedio. En Cúcuta la gente lo bautizó Alfalfa, tal el apodo del personaje de una novela que, en ese momento, estaba de moda en Colombia.

LOS PODIOS DEL MUNDO

Aquella auspiciosa participación baustismal fue premonitoria para lo que ocurrió después con Argentina, ya que hubo una constante que nos potenció el orgullo a través de los tiempos: nuestras diferentes generaciones fueron demostrando su buen básquetbol y logrando importantes figuraciones. Así llegaron los destellos mundialistas.

La primera medalla de bronce, en el primer Campeonato Mundial Juvenil de 1979 realizado en Brasil con rueda final en Salvador. La formación inicial más estable la compusieron Mauricio Musso, Daniel Aréjula, Sergio Córdoba, Jorge Faggiano y Gabriel Milovich. Luego ingresaban Marcelo Duffy, Javier Maretto, Julio Politi, Carlos Gandolfo, Luis Villa y Javier Tróccoli. Esteban Camisassa no jugó la rueda final por anginas.

“Mi prédica de siempre fue que Argentina no debe desaprovechar nunca las características esenciales de sus jugadores: la habilidad y la velocidad. Sobre estos valores estructuramos el equipo para compensar la falta de altura”, analizó el entrenador ingeniero Alberto Rubén Trama.

Doce años después, en 1991, tras una edición sin participar, se repitió el bronce en el 4º Campeonato Mundial Juvenil que tuvo lugar en Edmonton (Canadá). El quinteto se regularizó con Alejandro Montecchia, Gabriel Cocha, Jorge Racca, Patricio Simoni y Rubén Wolkowyski. La rotación la hacían Gabriel Díaz, Claudio Farabello, Facundo Sucatzky, Horacio Acastello, Cristian Aragona, Martín Peinado y Armando García. “A nuestro excelente material humano se le agregaron cuatro cosas que fueron clave: trabajo, defensa, corazón y determinación”, fue la síntesis matemática del director técnico Guillermo Edgardo Vecchio.

Apenas transitando el siglo XXI y en una categoría superior, en el 3o Campeonato Mundial para Hombres Jóvenes (Sub-21) disputado en Saitama (Japón), Argentina volvió a subirse al podio con su tercera medalla de bronce de la historia. Formación más estable: Diego Ciorciari, Adrián Boccia, Fernando Malara, Gabriel Mikulas y Luis Scola.

Después relevaban Eloy Martín, Carlos Delfino, Manuel Carrizo, Federico Kammerichs, Pedro Calderón, Matías Ibarra y Diego Guaita. “Lo mejor que tuvo esta Selección fue la rotación de sus jugadores. Era tan rico el plantel ,que permitió muchas variantes sin que se resintiera el equipo que estaba en la cancha”, precisó Fernando Héctor Duró desde el banco. Tampoco deben olvidarse las semifinales mundialistas alcanzadas en Lisboa 1999 y Riga 2011 con los Juveniles y en Melbourne 1997 con el Sub-22.

“ATENDER LO CORPORAL”

El Campeonato Mundial Juvenil, denominado actualmente Campeonato Mundial Under 19, es la más antigua y emblemática de las competencias formativas. Siempre fuimos “top ten” y recientemente volvimos a estar en semifinales. El cordobés Enrique Elías Tolcachier fue el entrenador en Letonia y es el director deportivo de la CABB. Nos trazó esta minuciosa radiografía: “En los tres últimos Mundiales U-19 se demostró que, a nivel competitivo, estamos bien. Si bien en Letonia se jugó por sobre las posibilidades iniciales, una de las virtudes del grupo fue sobreponerse permanentemente a las adversidades. Mantener la unión los puso bien fuertes para tener el alto rendimiento que hubo.

Lo bueno del básquetbol formativo argentino es, en primer lugar, que nuestro país tiene una estructura organizada desde que los chicos comienzan la actividad: Club-Asociación-Federación-Confederación. Esto les permite un desarrollo de encuentros en la edad inicial del mini y luego competencias en categorías menores a nivel local, provincial y nacional. Así se van motivando para mejorar a partir de la competencia semanal en el trabajo diario en sus respectivos clubes.

Otra cosa buena de nuestra estructura es la capacidad de los entrenadores de base. Con mucha más pasión que infraestructura desarrollan su tarea de formación y logran que los chicos puedan pulir su técnica de juego. Tampoco se pueden dejar de lado cualidades propias del jugador argentino: su carácter, su competitividad por mejorar y su creatividad. Y que están avanzados en aspectos tácticos por la exigencia de la competencia y la posibilidad de observar mucho básquetbol de gran nivel por televisión.

Para mantener nuestra figuración a nivel mundial nos hace falta mejorar el trabajo corporal en nuestros jugadores de base (hay que integrar a los preparadores físicos a la estructura de formación en los clubes), progresar en aspectos técnicos (se prioriza demasiado las cuestiones estratégicas por sobre los fundamentos, debido a la presión resultadista), trabajar con mayor esmero y paciencia con los chicos altos (hay, pero no se les brinda la atención debida) e incrementar la competencia de nivel internacional con giras por Estados Unidos y Europa”.

SCOLA, EL SIMBOLO

LUIS SCOLA es el argentino que participó en la mayor cantidad de competencias oficiales formativas de la historia. En total fueron 12, entre 1995 y 2001

Luis Alberto Scola llegó al máximo nivel que se puede alcanzar en el básquetbol: la NBA. Lo hizo no sin antes nutrirse con un importante bagaje de formación y de experiencia internacional. Dentro de ese valioso arsenal se encuentra el hecho de ser el argentino que participó en la mayor cantidad de competencias oficiales formativas de la historia. En total fueron 12, entre 1995 y 2001, arrancando con el Mundial Juvenil de Grecia 1995. Jugó 78 partidos, con 59 triunfos (75,64%) y 19 derrotas. Su currículum registra tres presencias mundialistas en diferentes categorías: a la que se menciona como Juvenil, también lo hizo como Sub-22 (cuarto en Melbourne 1997) y como Hombre Joven (medalla de bronce en Saitama 2001).

Balance de Luis: “Esto está relacionado con que fui un poco precoz, y que jugué en Selecciones con chicos más grandes que yo, lo cual me permitió estar en más torneos. Para mí fue una buena experiencia. A veces es difícil proyectar a los jugadores jóvenes, pero en muchos casos quienes no entraban en los planes fueron los que marcaron la diferencia de grandes. Hay muchos ejemplos: Manu Ginóbili, Oberto y Prigioni, entre otros”.

En el último Campeonato Mundial de Turquía 2010, Scola conmovió al mundo con su capacidad goleadora, consagrándose como máximo anotador con 244 puntos y 27,1 de promedio. Sin embargo, esta facilidad de Luifa con el cesto ya venía desde cuando era chico, con algunas cifras de antología. En Jesús María 1996 le metió 43 puntos a Uruguay en el Sudamericano de Cadetes (victoria por 121-88). “Me acuerdo de ese partido, me había lesionado jugando para Ferro en la Liga Nacional un par de días antes y no iba a jugar.

Pero como era en la muñeca izquierda, terminé jugando. Entré de suplente y fue mi primer encuentro del campeonato, tercero del equipo”, le recordó Scola a El Gráfico. En Saitama 2001 le clavó 42 tantos a Croacia, nada menos, en el Mundial para Hombres Jóvenes (triunfo por 92-77).

EL TRIUNFO CONMOCIONANTE

No siempre se debió llegar a lo más alto para cumplir un desempeño sobresaliente. Ocurrió en Palma de Mallorca 1983 en el Mundial Juvenil que se realizó por segunda vez. Argentina terminó en el séptimo puesto y no pudo tener una colocación mejor, como consecuencia de algún partido que se le escapó por muy poco. Ahí logró uno de los triunfos más trascendentes de la historia en divisiones formativas, el miércoles 23 de agosto de 1983 al vencer 91-87 a Unión Soviética por la rueda final. En el rival se alistaron cinco futuros campeones olímpicos de Seúl 1988 y columnas regulares en formaciones soviéticas: Arvydas Sabonis, Sarunas Marciulionis, Alexander Volkov, Valeri Tikhonenko y Tiit Sokk.

La actuación de Pichi Campana fue descomunal, convirtiendo 39 puntos para robustecer su condición de máximo goleador de la competencia con 31,7 de promedio. El Chueco Haile, Marcelo Richotti, Huguito Belli, Sebastián Uranga, Gerardo Secrestat, Claudio Severini, el Vasco Aispurúa, Ariel Medina, Gabriel Parizzia, el Loco Montenegro (dando ventaja de edad) y Nelson Espada completaron el plantel.

Antonio Díaz Miguel, entrenador durante 27 años dirigiendo a la Selección de España y elegido en el Salón de la Fama de Springfield en 1997, escribió como columnista en el diario deportivo Marca, de Madrid: “La Selección Argentina sigue jugando como siempre, poniendo el corazón en la cancha. Es una cualidad que le ha caracterizado, pero ahora además ha mejorado en técnica individual, en fundamentos. Tenemos que destacar a la fuerza a Campana. No hay quien lo pare, es un fenómeno. La Unión Soviética lo intentó, no lo consiguió y le costó el partido.

El baloncesto argentino es una mezcla del europeo y del norteamericano. Juegan rápido, al contraataque y luchan por los rebotes. Y es curioso que sus jugadores hayan aprendido de los estadounidenses el ‘double pompe’, que es mantenerse en el aire más tiempo que el contrario y tirar en última instancia. Lo hacen muy bien y les vale para superar su desventaja de altura”.

UNA NUEVA IMAGEN

Tras el arranque de 1955 hubo un paréntesis de 17 años hasta que, desde 1972, se logró estabilizar la actividad de los Juveniles. Argentina, en Santiago de Chile, sorprendió con su contundencia y se consagró campeón un partido antes de terminar. Está la anécdota del inolvidable Oscar Ibáñez, el director técnico, cuando se enfrentaba a los peruanos. Durante el primer tiempo, frente al extraordinario rendimiento de su equipo, exclamó: “Si tuviera que pedir un minuto ahora, ¿qué les digo a estos? ¡Les cuento un chiste! Es lo único que puedo decirles…”.

Eso ocurría adentro de la cancha. Afuera también hubo asombro, como lo destacó el diario ¡Puro Chile!, de Santiago, el lunes 24 de abril de 1972, que escribió este concepto:

“Ustedes muchachos –casi niños– han dado una imagen del joven argentino, del deportista de su país, que en Chile no conocíamos. Correctos, caballerosos, modestos en su arrolladora acción triunfal, simpáticos, amables. Para el público chileno son como de otro país. ¿Saben por qué? Porque estábamos acostumbrados al fanfarrón campeón del mundo sin haberle ganado nunca a nadie”.

El Deportivo San Andrés fue el corazón del equipo con Eduardo Cadillac, Norberto Tanghe y Claudio Villanueva, más el entrenador, el citado Loco Ibáñez. Del área metropolitana también estuvieron Gustavo Aguirre (San Lorenzo), Ricardo Kunkel (Scholem Aleijem), Jorge Fouquet (River Plate) y Daniel Rodríguez Lamas (Ateneo de la Juventud). Del Interior fueron convocados los santafesinos Carlos Raffaelli, Eduardo Neukirchen y Norberto Fabrini; y los cordobeses Pablo Sittoni y Eduardo Tissera.

LA GENERACION DORADA

EL MAYOR logro en la historia del básquetbol argentino fue la obtención de la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. El grupo de jugadores que la logró pasó a la eternidad como Generación Dorada, de la que son parte Emanuel Ginóbili y Luís Scola

La mayor epopeya del básquetbol argentino fue la conquista de la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. El grupo de jugadores que la logró pasó a la eternidad como Generación Dorada. La célula madre comenzó a formarse en el Campeonato Sudamericano de Cadetes efectuado en 1993, en Itanhaém (Brasil), cuando el director técnico Guillermo Edgardo Vecchio convocó al tucumano Lucas Victoriano y al cordobés Leo Gutiérrez. También estuvo el malogrado Gaby Riofrío, considerado un verdadero diamante al surgir.

El siguiente paso de la continuidad del reclutamiento fue en 1994 para el Sudamericano Juvenil de Oruro (Bolivia): se agregaron Gaby Fernández, el Torito Palladino y Pepe Sánchez. En 1995, en el Mundial Juvenil de Grecia, se acopló Luifa Scola y en el Sudamericano de Cadetes de Arequipa (Perú) surgió el Chapu Nocioni. En 1996, en la categoría Sub-22, se incorporaron Manu Ginóbili y Fabricio Oberto, quien ya había sido campeón panamericano con los Mayores en Mar del Plata 1995.

La explosión del grupo en el alto nivel internacional fue en el Campeonato Mundial Sub-22 que se disputó en 1997 en Melbourne (Australia), donde se alcanzó el cuarto lugar. Tras superar 74-57 con autoridad a Lituania en cuartos de final, en una de las semifinales Argentina enfrentó a Australia, futuro campeón, al que ya se había vencido por catorce puntos (81-67) en el grupo A de la rueda preliminar.

El partido “parecía ganado” por Argentina, pero dos bombazos sucesivos de tres puntos provocaron el vuelco, la derrota y la frustración por no jugar una final que se había acariciado. Se estaba arriba 68-65 en el tanteador, faltando 48,6 segundos luego de una acción de “recontravale” de Victoriano, como dice Fabián Pérez en TyC Sports, pero erró el tiro libre de bonificación. En la réplica, al restar 34 segundos, empató el ala pivote Simon Dwight y con apenas 1 segundo y algunas décimas en el reloj, el escolta tirador Aarón Trahair clavó el doloroso puñal del increíble traspié argentino: derrota por 71-68.

Ocho pibes de Melbourne serían subcampeones mundiales cinco años más tarde, en Indianápolis 2002: Gaby Fernández, Manu Ginóbili, Leo Gutiérrez, Fabri Oberto, el Torito Palladino, Pepe Sánchez, Luifa Scola y Lucas Victoriano. ¿Qué de distinto tenían estos jugadores cuando eran chicos? Responde Julio César Lamas, el entrenador de entonces: “Para agregarles al talento, una gran capacidad de trabajo en los entrenamientos y fuera del horario de prácticas, y la consciencia de que debían prepararse físicamente para llegar al máximo nivel”.

Este corolario lo escribió el periodista norteamericano Alexander Wolf de la trascendente revista Sports Illustrated: “La era de Argentina llamó la atención e influyó profundamente. Si la medalla de oro de Estados Unidos en Beijing 2008 llegó desde algún lugar, fue desde la humildad y las lecciones aprendidas al ver a los hombres de las Pampas”.

Por O. R. O. / Fotos: Archivo El Gráfico

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