Atenas se reencontró con su identidad de gran campeón

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Locatelli trata de librarse de la marca de Vega; Magnano ordena desde afuera Foto: LA NACION/Mauro Rizzi

Cortó seis años sin festejos al vencer en el sexto juego a Peñarol (91-83) y ganar su noveno título por 4 a 2

Por Miguel Romano
Enviado especial

MAR DEL PLATA. El peso de la historia fue inexorable en el cierre de otra Liga Nacional, la más pareja, vibrante y multitudinaria de la historia. El rey de reyes, Atenas, supo manejar psicológicamente el partido clave y frente a 8000 hinchas adversarios logró festejar, desenfrenadamente, su 9° título.

Fue un triunfo claro, fundamentado como siempre sobre la defensa y el aprovechamiento de la ansiedad adversaria, que le permitió ganar por 91-83 y definir la serie por 4-2. Como muchas otras veces, a Peñarol le costó sobreponerse a la infernal presión que su gente le tributó desde el corazón. Y otra vez Leo Gutiérrez, especialista levantador de copas en la Liga (Ben Hur, Boca y Olimpia), que sumó su sexto campeonato, mostró el trofeo para orgullo de una familia de básquetbol como es la de Atenas, para toda un provincia que los ama.

Entumecido, trabado por disciplina táctica, por la asfixiante defensa rival y por la presión ensordecedora de 8000 hinchas inundados de pasión, Peñarol perdió 6 pelotas en 7 minutos y Atenas, más sereno y en el rol de verdugo aprovechó para resolver rápido, cómodo y sacar 15 puntos (4-18). Sólo Román González anotó en ese mal arranque local. Después, cuando la visita falló tres tiros seguidos, los marplatenses aceleraron su ofensiva, encontraron espacios y equilibraron con un parcial de 18-7 tras el primer triple de la serie de Alejandro Diez, para terminar el primer cuarto 22-26.

El siguiente fue, quizá, el peor cuarto del local en toda la serie: desordenado en defensa, lento para volver a su campo y equivocado en las determinaciones ofensivas empujadas por la ansiedad, permitió que Atenas recobrara 11 puntos de ventaja (36-46). Pese a que el base titular Juan Pablo Figueroa se fue a descansar rápido con 3 faltas, los campeones encontraron en la velocidad de Andre Laws, la experiencia de Juan Locatelli y el acertado aporte de Federico Ferrini y Cristian Romero, más la consabida buena defensa, sus mejores atributos para seguir cargándo de presión al rival.

Tres triples consecutivos de Atenas en el arranque del tercer cuarto fueron como un baldazo de agua fría para el local. Gutiérrez, Ferrini y Lábaque, que además anotó 11 puntos en el período, fueron los autores de esos letales lanzamientos. De allí en más, con la diferencia que se estiró paulatinamente, Peñarol se quedó sin reacción, sin alternativas, sin un líder que se hiciera cargo de la situación. La decepción y el agobio por tanta responsabilidad melló los nervios y las ilusiones locales, mientras que Atenas se sentía cada vez más cómodo. Por eso no extrañó que sacara hasta 20 tantos de ventaja (50-70) y ganar el parcial (71-53).

El final fue impresionante. Colosal. Con Peñarol sin sus ídolos (González y Jackson) recuperándose a cuentagotas, presionando en toda la cancha y dejando la piel en cada balón. En medio de eso, un arbitraje muy controvertido y Atenas sobreviviendo gracias a un André Laws implacable para descorchar tanta emoción contenida en el ganador y tantas lágrimas en el perdedor. Un final de oro.

* La fidelidad de barra de los griegos

Unos estoicos 250 simpatizantes viajaron desde Córdoba hacia La Feliz. El numeroso grupo de hinchas de Atenas saludó a los jugadores en el Hotel 10 de Septiembre, y ubicados en un codo del Polideportivo recibieron todo tipo de cánticos adversos de los efusivos seguidores locales.

Por la lluvia, no hubo pantallas en la ciudad

Desbordado el Polideportivo (con gente en los pasillos y sobreventa de entradas), se había organizado colocar un par de pantallas gigantes en plazas de la ciudad, pero no se pudo hacer a causa de la lluvia.

Por primera vez hubo controles antidoping

Por primera vez en la serie decisiva de la Liga Nacional, se dispuso realizar controles antidoping. Para tal caso se cumplió con la rutina habitual y por sorteo se eligió a un jugador de cada conjunto.

Tantos viajes no le hicieron bien al trofeo

La Copa Challenger de campeón de Liga estuvo por primera vez expuesta, pero como lleva 20 años de traslados (ahora vino desde Sunchales) tuvieron que pegarle una manija y el pie de madera.

Fuente: LA NACION

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