Nota de LA GACETA a Sergio Daniel Ale

SUS AMORES. Sergio Ale en su visita a nuestra redacción junto a su esposa Fernanda y sus hijos Thiago y Josefina. Una vida dedicada a la familia. LA GACETA / FOTO DE HECTOR PERALTA

“Mi familia es el cable a tierra que tengo”, confesó el pivot de Tucumán BB:  Aquel pivote visceral y frontal es hoy observador y reflexivo. Un tipo macanudo, bañado en sabiduría de la calle; de códigos y cánones empíricos que vivió en carne propia durante su vida.

VIGENCIA. A los 41 años, Sergio Ale volverá a jugar en el TNA defendiendo la camiseta de Tucumán BB.

Sergio Daniel Ale apareció de grande en el básquet. Y se hizo grande y quiere seguir siendo grande. Aunque la edad a veces se disimula, el ahora jugador de Tucumán BB, a los 41 años, mantiene latente las ganas de entrenar a diario. No le pesa el rol de haberse convertido en un espejo para los pibes.

– ¿Por qué comenzaste a jugar a los 18 años?

– Es que a esa edad me ofrecieron la chance de hacer baloncesto en forma federada. Hasta entonces integraba el equipo de voley de la escuela Lincoln, de Yerba Buena. Un día, después de un partido que disputamos en el complejo Teniente Ledesma, el profesor Elías Abraham me tentó para que me integrara al primer equipo de Belgrano, donde él era el entrenador. Aunque me habían inscripto en Villa Luján aún no había jugado un partido. Estuve un par de meses y luego Pedro César ‘Checha’ Figueroa me contactó para llevarme a Jujuy, donde defendí los colores de Ciudad de Nieva.

– ¿Cómo se mantiene latente el fuego sagrado?

– En primer lugar, quiero aclarar que desde mis comienzos adopté al básquet como un trabajo y creo que eso es lo que me hace responsable. Soy padre de familia y eso me hace renovar a diario mis expectativas de seguir jugando.

– ¿Qué rol cumple la familia en tus prioridades?

– Mi familia es un cable a tierra que tengo. Ellos están junto a mí, tanto en los momentos de júbilo como cuando vuelvo casa masticando bronca. Cuando salís campeón, vibran a tu lado; y en los descensos, te consuelan. Lo gratificante es que nunca te dejan caer anímicamente. Es lo más importante que me dio la vida. Sin ellos nada hubiera sido posible.

UN REFERENTE. En 1990 comenzó a jugar en el seleccionado de Tucumán, en los torneos argentinos. La temporada anterior, por decisión propiam decidió retirarse de la Selección.

– ¿Cuál es la alegría más grande que le dio el básquet?

– Algo que me marcó para toda la vida fue mi inclusión en la selección tucumana. Me enorgullece haber defendido esa camiseta durante 20 campeonatos argentinos. Al final de 2010, como no estaba en condiciones físicas para jugar todos los días, decidí dar un paso al costado. No fue fácil, tenía que ser sincero conmigo mismo.

– ¿Una satisfacción?

– Sin duda, en 2006, cuando jugaba para Olímpico de La Banda y fui convocado para jugar al Juego de las Estrellas en Mar del Plata. Estar durante tres días con la elite del básquet argentino fue una experiencia inolvidable para mí y me marcó para toda mi carrera.

– ¿Una tristeza?

– Asumir que debo ir preparándome para el momento de decir adiós. Trató de mentalizarme que está cerca la hora. Te aclaro que no es nada fácil, por todo lo que me dio este deporte. Además, no tengo dudas de que necesitaré algún tipo de terapia: es duro asumir que mi última temporada puede estar cerca.

Experto en supervivencia y en desafíos, Ale, un guerrero de mil batallas, con cicatrices y trofeos, siempre deja algo qué aprender.

Nota: LA GACETA

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