En “Tito” Carol se conjugaron siempre deporte y conducta, nota de LA GACETA de agosto de 1992

VIDA COHERENTE. Carol confesó que el deporte tuvo para él una influencia fundamental.

Miércoles, 28 de Agosto de 2002. Cómo llegó al basquetbol. Se volcó a la carrera judicial y terminó como camarista. Fue uno de los héroes en la conquista del título argentino que logró el seleccionado en 1955.

“Si volviera a nacer, haría exactamente lo mismo”. Ramón Alberto Carol pronuncia la frase con emoción. Es un ser humano agradecido de la vida.

Arribó al basquetbol casi por casualidad. “A mí me gustaba entreverarme en los picados de fútbol en el barrio, pero una vez pasé por la cancha de All Boys, me puse a husmear y quedé como encandilado”, cuenta.

En el rectángulo del ex Solar de los Deportes de La Ciudadela empezó a comprender el tema. Luego lo atrapó Nicolás Avellaneda, el club donde hizo su historia, y, así, se volcó de lleno a este juego.

La cinta de capitán lo acompañó a lo largo de su carrera. Fue unánime el reconocimiento hacia su conducta. Lo contradictorio es que él nunca quiso ser un líder. Si es cierto aquello de que uno se conduce en la cancha como lo hace habitualmente en la calle, Carol fue un espejo de esa reflexión.

El hombre movió las piezas de su tablero para no quedar jaqueado por el reloj. Tuvo que esforzarse para ensamblar deporte, trabajo y estudio. “Demoré en recibirme de abogado, pero pude darle el gusto a mi padre. Me faltaba el tiempo; sobre todo por los viajes con el combinado tucumano; pero para mí jugar era un placer”, comenta con una sonrisa y mirando “para adentro”, como si estuviera instalado en una máquina del tiempo.

De pronto, monologa. Tal vez sean reminiscencias de su pasado de magistrado (llegó a camarista). “El deporte abre puertas. Es una escuela de vida. Para mí resultó como un plafond para ingresar en la carrera judicial. Lo que fui incorporando en el básquet me ayudó para orientarme en mi función profesional. Un juez que aplica la ley solamente, no es juez. Hay que someterse a la prudencia, buscar el equilibrio”, dice.

Y sigue. “veo con pena cómo los tucumanos fuimos perdiendo protagonismo en el deporte; en todo. ¿Están fallando las estructuras, los hombres, las instituciones? Me podrán decir ?usted habla mucho, pero, ¿qué hace?? Pero mi tiempo para la acción ya pasó. En las manos y en la pujanza de los jóvenes están los cambios. Hay que brindar ejemplos y a las cosas hay que darles el mejor destino posible”. El que quiera oír, que oiga.

Carol -casado hace más de cuatro décadas con Cledia Ferrari (“mi mujer fue fundamental en casi todo lo que hice, la columna vertebral de la familia”); tres hijas, siete nietos- fue campeón con Tucumán en el Argentino de 1955. También lo logró con Estudiantes un año después (estuvo sólo una temporada y volvió a sus “orígenes” en Nicolás, donde alcanzó el título local en 1958).

“Tito” -como le gusta que lo llamen- jugó desde los 17 hasta los 33 años. Se retiró en 1963. Su estilo se acomodó a las circunstancias del partido: retenido en defensa o volcado al goleo. Y, muchas veces, metamorfoseando su personalidad mansa para imponer pautas de despliegue.

Carol cosechó lo que sembró. Mantuvo una línea siempre. Y quebró aquello de que lo tradicional es una ilusión de lo permanente.(Por Luis Mario Sueldo)

La noche en que sintió como una puñalada

En un partido Tucumán-Córdoba en “La Docta”, en un Argentino, los jugadores se arremolinaron, hubo manotazos, y Carol “se metió” para calmar los ánimos. El referí, desbordado, lo expulsó al considerar que había sido promotor del problema.

“Fue como una puñalada -recuerda-. Hasta quise devolver una plaqueta que me había obsequiado All Boys. Después entendí que son contingencias inmanejables”. Como comprendió también que los pergaminos son relegados por el afecto de la gente. “Es algo que llevo como una hojita de laurel prendida en la solapa”, dice.

También recuerda aquella vez en que Tucumán enfrentó en Redes al seleccionado argentino que había obtenido el título mundial. En un partido equilibrado en el tanteador, al reclamársele al árbitro un fallo equivocado, el hombre del silbato les contestó: “muchachos, ¿que están pensando? ¿En ganarle al campeón?”.

Fuente: LA GACETA

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