“El Yuco” Fernandez marcó una época en el básquet tucumano, nota de LA GACETA de agosto de 1992

RECUERDOS. Fernández lamentó no haber jugado el Argentino de 1955, cuando Tucumán fue campeón.

Miércoles, 21 de Agosto de 2002, (Por Luis Mario Sueldo):  Un innovador en el juego. “En la cancha, a veces me convertía en un tirano”, confesó. Asegura que Lucas Victoriano alcanzará su plenitud a los 28 años. Brilló en Atenas de Córdoba.

Habla con convicción. A veces es cortante, pero su charla no tiene ambigüedades y se desliza sin caídas por carriles interesantes.

Algún distraído diría que es soberbio. Nada que ver. Felipe Fernández, o simplemente “el Yuco” (67 años, padre de tres hijos), absorbió con templanza los vaivenes de la vida y conserva frescos los recuerdos lindos.

Apenas sonríe. Es suficiente. Su personalidad rechaza los matices impostados. “El Yuco” recuerda a su padre con enorme cariño. “Me dio las pautas justas para no creérmela. El fue -señala- quien me llevó a Redes Argentinas. Yo me inicié en los cadetes de Tucumán BB y tuve un paso fugaz por All Boys“.

Fernández fue clave para evitar el descenso de Redes en 1957, y en los dos años siguientes ganó los títulos locales con los “eléctricos”. “Son momentos imborrables”, resume.

Una característica fundamental de Fernández fue su afán perfeccionista. “En la cancha a veces me convertía en un tirano. No aceptaba que mis compañeros sefueran del partido”, acota. Como armador o base, se hizo fuerte su visión del juego estructurado, denso. “Pienso que fui un innovador -señala-. Yo quería ganar siempre, antes que divertirme. Y para eso lo colectivo tenía que prevalecer sobre lo individual”.

Fue el segundo tucumano (el primero fue “El Pibe” Bollea, de Estudiantes) al cual llamaron a integrar el seleccionado nacional de básquet. Por esa razón en 1955 no pudo jugar en el combinado que se clasificó campeón argentino en la ex cancha de Agua y Energía. Por esas incongruencias organizativas, se programó paralelamente el Sudamericano de selecciones en Uruguay.

Con Argentina, Fernández fue vicecampeón panamericano en México. “El plantel estaba constituido por 11 porteños y yo. Por una situación especial, en el cierre tuve que ejercer la capitanía que era de Alberto López. Le ganamos a Estados Unidos por un simple, pero ellos fueron los campeones por sistema”, cuenta.

Después, con la misma formación, fueron a Dallas y derrotaron a la Liga Universitaria. “Allí tuve la suerte de marcar tres dobles decisivos”, apunta.

Sobre el rendimiento actual de la selección argentina, Fernández estima que va a figurar entre las cuatro primeras en el Mundial. En cuanto a Lucas Victoriano, piensa que aún no llegó a su techo. “Un jugador con condiciones, cuando deja de ser “loquito” y madura, accede a su plenitud a los 28 años”, comenta.

Por esas piruetas del destino, Fernández -que jugaba y trabajaba (llegó a gerente de planeamiento en una empresa multinacional y anduvo tranqueando por Buenos Aires, Córdoba, Rosario y Jujuy)- recaló en “La Docta”, donde actuó tres años en Atenas. “Ocurrió algo -remarca- que no cayó nada bien en mi provincia: en 1963 salí campeón argentino representando a Córdoba, junto a valores de la talla de Oliva, Tozzi, Olariaga y de otro tucumano, El Lungo (Zoilo) Domínguez”.

“El Yuco”, que ahora -según apuntó- sólo se mueve por “su territorio”, en los alrededores de la plaza Urquiza, buscó pisar firme en el deporte y en la vida. Con seriedad. Mal no le fue.

El día que Fernández caminó en el aire

“El Yuco”, quien se retiró de la práctica deportiva a los 32 años, confiesa que en el fútbol es hincha de Sportivo y de Newell?s, y que Oscar Furlong fue el mejor basquetbolista que vio en el país. Recuerda cuando Tucumán (Fernández, Carol, Boassi, Ricardo Fernández y Valentín Díaz) empató, en la cancha de Redes, 50 a 50 (no hubo suplementario) con el seleccionado argentino, que era flamante campeón mundial.

Este hombre -que siente alergia por quienes se meten en la vida privada de la gente- pone la nota risueña cuando cuenta una anécdota de un partido Redes-Estudiantes. “A mí me gustaba sorprender a la defensa rival con el juego cortinado, con terceros, para de golpe ingresar sin marca al emboque.

Una noche el referí “Petaca” Del Negro me anuló una conversión que yo había hecho entrando con esa maniobra. ? ¿Qué me cobró?, le pregunté. Caminó, me dijo. Pero, señor, si yo hice un doble salto, intenté aclararle. No importa -respondió-. Entonces caminó en el aire”.

Fuente: LA GACETA

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