Se retiró Gaby Díaz, uno de los más grandes basquetbolistas tucumanos

El hijo del Tompy, una auténtica leyenda de la disciplina, se despidió a los 44 años y jugó profesionalmente su último partido este miércoles con Central Entrerriano.

Hijo de una auténtica leyenda del basquetbol vernáculo, “El Tompy” Díaz, este miércoles, a los 44 años se retiró de la práctica profesional del basquetbol Gabriel “Gaby” Díaz. Lo hizo con Central Entrerriano, de Gualeguaychú, tras quedar eliminado por Deportivo Norte, 86-73, en los playoffs de Conferencia del Torneo Federal 2016/17.

Afincado desde hace tiempo en esa ciudad entrerriana, la carrera de Gaby estuvo jalonada por hitos trascendentes desde su debut en la Liga Nacional de Basquetbol con Pacífico (Bahía Blanca), en la campaña 1988/89, antes de cumplir los 16 años. En ese equipo, tuvo como compañero a Rubén Solórzano, actual presidente de Talleres, de Tafí Viejo.

Luego, con Estudiantes de Olavarría (bajo la conducción de Sergio Hernández, a quien asistía) festejó título por duplicado en 2000/01: campeón de la LNB y de la Liga Sudamericana. Con el “bataraz”, también consiguió el título de campeón Panamericano.

En esa misma década, fue uno de los baluartes de la campaña de Andino (La Rioja), donde estuvo en seis campañas y tuvo como compañero nada menos que a Emanuel Ginóbili. Otro de los equipos en la A fue Atenas de Córdoba y Central Entrerriano.

En la Liga pertenece al top-ten de los basquetbolistas con más partidos jugados y esá undécimo entre los máximos anotadores, con 10.525 puntos, entre los goleadores históricos, cuya tabla lidera Leo Gutiérrez.

Además de pasar por el TNA, Gaby fue campeón Panamericano Sub 22 en 1993 (Rosario), con la selección nacional juvenil que venció en la final a Estados Unidos y bronce en el Mundial de Edmonton (1991), además de integrar la selección mayor en torneos sudamericanos.

Surgido de Tucumán BB, al igual que su progenitor, Gaby integró el seleccionado provincial en varios campeonatos argentinos. Con talento y enorme profesionalismo, el alero deja una huella imborrable en su paso por esta disciplina e indudablemente se ganó por derecho propio un lugar entre los grandes del deporte tucumano.

Fuente: La Gaceta

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